Orlando Baesler Heger, Arquitecto
No hay ninguna fórmula que permita reconstruir un país devastado por un mal gobierno, que no incida en un enorme sacrificio inicial por parte de una población que debe afrontar el daño que se originó tras los intentos de destruirlo todo y de transformar a Chile en una sociedad controlada por un siempre nefasto control estatal.
No es un simple capricho o un asunto de malestar personal el hecho de oponerse es forma estricta a cualquier intento del Estado por intervenir en la libre determinación de las personas, sino que se basa en el resultado histórico de las políticas progresistas que han arruinado países enteros, obligando a miles de personas a abandonar la tierra que los vio nacer buscando seguridad para sus respectivos grupos familiares.
Afortunadamente los chilenos aprendimos la lección y optamos por rechazar todo tipo de estatismo, expropiaciones y atentados no tan solo a la propiedad privada, sino que a todo tipo de libertades y emprendimientos individuales.
Estamos recién empezando un difícil camino de recuperación nacional y la prueba de su éxito inmediato es la también inmediata oposición de la izquierda cercana al comunismo, que ve con angustia cualquier iniciativa del gobierno, apareciendo personajes muy pintorescos en una oposición que deslinda en muchos casos en un resentimiento crónico que les hace objetar desde la presencia de una primera dama junto al presidente hasta simples almuerzos en La Moneda. Es obvio que la oposición no tiene ningún proyecto para ofrecer como alternativa y siguen con la eterna cantinela de quitarle al que trabaja para entregarle recursos al que no lo hace hoy y que, en muchos casos, no ha trabajado nunca.
Es muy probable que cuando Dios creó el mundo y a sus habitantes, muchos personajes del populismo y del progresismo, al menos. en lo que fue la jornada de reparto de capacidades intelectuales y cerebrales en general, llegaron…con bastante atraso.




















