Columnista, Colaborador
La recuperación de nuestro patrimonio natural, sobre todo en el caso de especies amenazadas, requiere del trabajo colaborativo y el intercambio de experiencias entre organismos, instituciones y personas del ámbito público y privado para lograr un impacto a gran escala.
Y desde la región de Aysén, estamos avanzando en esa línea a través de distintas iniciativas de conservación, siendo un caso destacable la iniciativa que se ha venido desarrollando hace más de una década a través del Programa de Conservación y Recuperación del Ñandú en el Parque Nacional Patagonia, que busca reforzar la población del ñandú o choique (Rhea pennata) que se encuentra en peligro de extinción en la región.
A esta iniciativa colaborativa impulsada por Rewilding Chile junto a CONAF, SAG, la Reserva Quimán, y el apoyo de Carabineros y el Ejército de Chile, también se han involucrado diversos miembros de las comunidades aledañas al parque nacional - como son Chile Chico, Puerto Ingeniero Ibáñez, Villa Cerro Castillo y Cochrane, quienes han participado activamente de las liberaciones que se han realizado en el parque, generando instancias muy enriquecedoras en pos de la conservación.
Lo que comenzó como un esfuerzo regional se ha ido transformando en una red de cooperación internacional. Un paso fundamental se dio en 2025, con la primera translocación internacional de fauna silvestre en Latinoamérica, que permitió el traslado de 15 ñandúes patagónicos desde el Parque Patagonia Argentina, en la provincia de Santa Cruz, hasta el Parque Nacional Patagonia en Chile.
Recientemente, en el marco de la liberación de 39 crías de ñandú (o charitos) en el Parque Nacional Patagonia provenientes desde Futrono, el programa recibió la visita de representantes del Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre del Perú (Serfor), entidad que trabaja activamente en el monitoreo y fortalecimiento del suri (Rhea pennata tarapacensis), una subespecie conocida como el ñandú del norte, que también se encuentra en un estado crítico de extinción tanto en su país como en el nuestro.
Este modelo de aprendizaje compartido no se limita al ñandú. Existen otras especies emblemáticas, como el cóndor andino, que también están generando amplias redes de colaboración. En el marco del Proyecto Manku, liderado por diversas organizaciones públicas y privadas, representantes de la Fundación Jaime Duque de Colombia participaron de la liberación de tres ejemplares en el Parque Nacional Patagonia, con el fin de conocer en terreno los esfuerzos de conservación del cóndor que se hace en nuestro país, ya que dicha especie se encuentra en peligro crítico de extinción en Colombia.
Estas sinergias, que también se extienden a otras especies como el huemul en el marco del Corredor del Huemul, cobran especial relevancia cuando miramos el escenario global. El peligro de que las especies desaparezcan es real, acelerado por la crisis climática y la huella humana. Los datos son contundentes: solo en 2025, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) señaló que 44 especies de animales, plantas y hongos se extinguieron oficialmente. Pérdidas irreparables que nunca más volveremos a ver.
Frente a esto, no podemos bajar los brazos. Salvar a una especie de la extinción exige derribar barreras institucionales y geográficas. La colaboración, el intercambio de experiencias y el trabajo coordinado son las herramientas que hoy van en el camino correcto.




















