Editorial, Redacción La ciudadanía espera mucho de sus autoridades comunales. Espera liderazgo, capacidad de diálogo, transparencia y, sobre todo, acuerdos que permitan avanzar en la solución de los problemas cotidianos de la comuna. Por ello, resulta preocupante que las diferencias entre el alcalde de Coyhaique, Carlos Gatica, y los concejales Ana María Navarrete y Sebastián Vera continúen ocupando buena parte de la agenda pública, instalando una confrontación que parece no encontrar un punto de encuentro.
Las discrepancias son parte natural de la democracia. Los concejos municipales están precisamente llamados a debatir, fiscalizar y enriquecer las decisiones que afectan a la comunidad. Sin embargo, cuando las diferencias se transforman en un conflicto permanente, el riesgo es que la atención se desvíe desde las necesidades de los vecinos hacia una disputa política que termina desgastando la confianza ciudadana.
En los últimos meses, diversas controversias e informes de organismos fiscalizadores han alimentado este escenario de tensión. Cada una de esas observaciones debe ser abordada con la seriedad que corresponde, respetando las atribuciones de las instituciones encargadas de velar por la probidad y el correcto funcionamiento de la administración pública. La transparencia no debiera ser vista como una carga, sino como una condición indispensable para fortalecer la confianza en la gestión municipal.
Del mismo modo, la fiscalización constituye una función esencial de los concejales y forma parte del equilibrio institucional que establece la legislación. Esa labor debe desarrollarse con responsabilidad y objetividad, siempre teniendo como prioridad el interés de la comuna por sobre las diferencias políticas.
Lo que la comunidad espera hoy es que las energías vuelvan a concentrarse en los desafíos que enfrenta Coyhaique: mejorar la calidad de los servicios municipales, fortalecer la infraestructura urbana, impulsar proyectos de desarrollo y responder a las necesidades de los barrios y sectores rurales. Son esas materias las que finalmente impactan en la calidad de vida de las personas y las que justifican la confianza que la ciudadanía deposita en sus autoridades.
Gobernar una comuna requiere diálogo, incluso cuando existen diferencias profundas. La capacidad de construir acuerdos no significa renunciar a las convicciones, sino comprender que el bienestar colectivo debe estar por encima de cualquier disputa personal o política.
Coyhaique necesita un municipio que proyecte unidad institucional, respeto entre sus integrantes y compromiso con el servicio público. La ciudadanía observa, evalúa y espera resultados. Por eso, este puede ser un buen momento para dejar atrás las descalificaciones, transparentar cada actuación cuando corresponda y recuperar un clima de trabajo que permita centrar los esfuerzos en lo verdaderamente importante: el desarrollo de la comuna y el bienestar de quienes la habitan.



















