Editorial, Redacción Coyhaique se prepara para celebrar 97 años de historia. Es una ciudad que nació con el esfuerzo de sus primeros habitantes y que, con el paso del tiempo, creció hasta convertirse en la capital regional de Aysén. Mucho de ese espíritu permanece, aunque la ciudad de hoy poco se parece a la de sus primeros años.
Ahora que se acerca el centenario, sería bueno detenernos un momento y preguntarnos hacia dónde queremos llevarla.
Coyhaique sigue creciendo. Llegan nuevas tiendas, aparecen proyectos inmobiliarios y hay inversionistas que miran con mayor interés las posibilidades que ofrece esta parte del país. Es una señal de movimiento económico, pero también nos obliga a mirar más allá de los nuevos negocios y las viviendas.
¿Qué estamos haciendo para que Coyhaique sea una mejor ciudad para quienes viven en ella?
El crecimiento se nota en los sectores altos, en el aumento de los vehículos y en las dificultades para desplazarse por algunas calles. Mientras tanto, seguimos esperando mejoras en infraestructura, nuevas conexiones viales, más ciclovías y espacios públicos que permitan disfrutar la ciudad de otra manera.
Porque una ciudad no se construye solamente levantando casas y abriendo locales comerciales. También necesita planificación, áreas verdes, lugares de encuentro y condiciones para que las personas puedan moverse sin que cada trayecto se convierta en un problema.
Hoy buena parte del desarrollo de Coyhaique depende de la inversión pública. La llegada de capital privado puede dinamizar la economía, generar empleo y ampliar la oferta de servicios. Pero sería un error pensar que eso, por sí solo, define el futuro de la capital regional.
El centenario está cada vez más cerca y seguramente muchos quisieran que la celebración estuviera acompañada de una obra importante, de esas que dejan una huella en la historia de una ciudad. Es una aspiración legítima. Pero también necesitamos conversar sobre las prioridades de Coyhaique y qué queremos haber conseguido cuando cumplamos cien años.
¿Queremos una ciudad que siga creciendo hacia sus bordes o una que también mejore lo que ya tiene? ¿Cómo enfrentaremos el aumento del parque vehicular? ¿Qué espacios queremos recuperar para las familias y qué condiciones ofreceremos a las nuevas generaciones?
No todas estas preguntas se resuelven en un año ni dependen de una sola autoridad. Precisamente por eso vale la pena plantearlas ahora, antes de que el centenario nos encuentre celebrando la historia sin haber conversado suficientemente sobre el futuro.
Coyhaique tiene casi un siglo de vida. La tarea que viene no es solamente seguir creciendo, sino decidir cómo queremos vivir en ella durante los próximos cien años.






















