Editorial, Redacción Nuestra región se encuentra en una encrucijada histórica. El cambio climático, definido como la alteración de la atmósfera por la actividad humana, ya no es una proyección teórica, sino una realidad palpable que se manifiesta en el aumento de temperaturas y eventos extremos. Para los habitantes de Aysén, este fenómeno tiene dos rostros particularmente dolorosos: el desvanecimiento de nuestros hielos milenarios y la amenaza constante del fuego.
El informe de la Dirección General de Aguas (DGA) sobre el Glaciar Exploradores es, en sus propias palabras, lapidario. Este gigante de hielo se encuentra en un "proceso activo de desintegración", con una fragmentación de su superficie y una expansión acelerada de sus lagunas proglaciares. Lo que antes era una ruta turística emblemática para 15 empresas locales, hoy es un escenario de alta inestabilidad y riesgo estructural que amenaza la economía de Puerto Río Tranquilo. El glaciar se está convirtiendo, literalmente, en un lago.
Paralelamente, el calor y la disminución de precipitaciones ?que para 2030 podría ser de hasta un 15% en la cuenca del río Aysén? han creado el escenario perfecto para los incendios forestales. Actualmente, la región enfrenta alertas por condiciones de "Botón Rojo", donde la combinación de altas temperaturas, baja humedad y viento eleva el riesgo de siniestros a niveles críticos.
Como ciudadanos, no podemos ignorar que la mayoría de estos incendios tienen origen humano, ya sea por negligencia o imprudencia. Incidentes recientes, como el uso irresponsable de herramientas en Chile Chico o el combate del fuego en Pangal Bajo, demuestran nuestra fragilidad. Peor aún, la pérdida de vidas humanas, como el trágico fallecimiento de un niño de nueve años en Puerto Aysén, debe ser el llamado definitivo a la conciencia colectiva.
Nuevamente, respetar las prohibiciones de fuego, informarse sobre las quemas controladas ante CONAF y denunciar cualquier columna de humo al 130 son acciones mínimas de autocuidado.



















