Columnista, Colaborador
En Aysén, cuando comienza un nuevo ciclo de desafíos productivos, el desarrollo regional no se explica sólo desde los grandes proyectos o las cifras macroeconómicas. Se construye, sobre todo, en el trabajo diario de quienes viven y emprenden en el territorio, en las pequeñas y medianas empresas, en los oficios y en los servicios que sostienen la actividad productiva regional.
Quienes prestamos servicios a la actividad acuícola somos parte de esa realidad. Desde el territorio aportamos conocimiento local, experiencia y capacidad de respuesta a una actividad productiva que tiene un peso relevante en la economía regional y nacional. Nuestro rol no es accesorio: formamos parte de una cadena de valor que genera empleo, dinamiza economías locales y fortalece el arraigo en las comunidades. En la región de Aysén existen cientos de empresas proveedoras que dan trabajo formal a miles de personas, y cuando estas capacidades locales se fortalecen, el impacto se multiplica en los hogares, en las comunas y en la vida cotidiana de la región.
Ese mismo vínculo con el territorio ha permitido que desde la patagonia surjan soluciones concretas a desafíos que también afectan a la actividad productiva, como la gestión de residuos y el cuidado del entorno. Iniciativas nacidas desde la experiencia local demuestran que es posible transformar problemas en oportunidades, generar nuevos usos, impulsar empleo y vincular a comunidades, municipios y distintos sectores productivos.
Trabajar junto a empresas de mayor escala que operan en la región, como AquaChile, es clave para el fortalecimiento de los proveedores locales. Cuando una empresa relevante integra a pymes del territorio en sus procesos, no solo mejora su capacidad de respuesta y eficiencia, sino que también contribuye a desarrollar competencias, profesionalizar servicios y generar relaciones de largo plazo. Ese tipo de vínculos permite que una mayor parte del valor que se genera a partir de la actividad productiva permanezca en la región, fortaleciendo el empleo, la economía local y el arraigo de quienes viven y trabajan en Aysén.
Avanzar hacia un desarrollo regional equilibrado implica reconocer el valor de estas capacidades locales y fortalecer una relación más integrada entre la actividad productiva y el territorio. Cuando el desarrollo considera a quienes viven y trabajan en Aysén, su impacto deja de ser abstracto y se vuelve parte real de la vida cotidiana.





















