Editorial, Redacción Hace muchos años venimos planteando que contar con medios de comunicación serios, responsables, profesionales y creíbles es una tremenda plusvalía para todos los territorios del país. No se trata simplemente de disponer de canales para difundir información. El periodismo cumple una función esencial en la vida democrática y, por lo mismo, periodismo y democracia forman una alianza que debe protegerse y fortalecerse en beneficio de las comunidades.
Lamentablemente, el denominado caso Cerimedo y su impacto en Chile han dejado al descubierto una trama que resulta profundamente preocupante. Mentiras, falsedades, manipulación y especulación que terminan jugando con las audiencias y generando algo quizás aún más dañino: incredulidad. Cuando las personas comienzan a preguntarse quién dice la verdad, quién miente y a quién se puede creer, el problema deja de ser exclusivamente comunicacional y pasa a transformarse en una amenaza para la confianza pública.
Ese es uno de los daños más profundos que pueden provocar estas prácticas. La desinformación no solo divide políticamente. También erosiona la confianza en las instituciones, en los medios y en el propio sistema democrático. Y recuperar esa confianza puede tomar años.
Como Diario El Divisadero, y valorando también el trabajo de otros medios regionales que ejercen su labor con responsabilidad, creemos que este momento debe servir para volver a poner en valor el periodismo profesional. La ciudadanía necesita identificar y respaldar a aquellos medios que cuentan con trayectoria, que contrastan sus fuentes, separan los hechos de las opiniones y entienden que informar es una responsabilidad.
Esto no significa que los medios deban renunciar a sus líneas editoriales ni que todos deban pensar igual. La pluralidad es fundamental en una democracia sana. Pero una cosa es tener una opinión y otra muy distinta es construir relatos sobre falsedades, manipular información o utilizar plataformas comunicacionales para engañar deliberadamente a las audiencias.
Por eso resulta indispensable que los hechos sean investigados y que, si existen responsabilidades, estas sean establecidas donde corresponde. No puede transformarse todo en una anécdota pasajera. El daño provocado por prácticas que degradan la información termina afectando a toda la sociedad, incluidos los periodistas y medios que diariamente realizan su trabajo con rigor y honestidad.
Chile necesita medios fuertes, serios, creíbles y plurales. Medios capaces de fiscalizar al poder, representar las distintas realidades del país y mantenerse vinculados con las preocupaciones cotidianas de las personas.
Porque en tiempos de sobreinformación y redes sociales, el verdadero desafío no es tener más información. Es saber cuál merece ser creída. Y para eso, el periodismo responsable sigue siendo indispensable.



















