Editorial, Redacción Las recientes declaraciones del gobernador regional Marcelo Santana respecto del presupuesto de Aysén para 2027 tienen algo que las hace especialmente interesantes: la crítica no viene desde la oposición al Gobierno, sino desde una autoridad que forma parte del mismo sector político.
Y eso, en política, suele tener un nombre bastante conocido: fuego amigo.
Santana cuestionó la decisión del ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, de reducir en poco más de 5 mil millones de pesos los recursos del Fondo Nacional de Desarrollo Regional que tendría Aysén el próximo año. Para el gobernador, hay una contradicción difícil de explicar: mientras el Gobierno habla de recuperar el crecimiento y generar empleo, al mismo tiempo se reducen los recursos de un gobierno regional que hoy tiene un peso importante en la inversión y en el movimiento económico de la región.
La molestia del gobernador también apunta a algo más profundo. Ha cuestionado el conocimiento que tendría el ministro sobre la realidad de las regiones y, particularmente, sobre las condiciones de una zona extrema como Aysén.
Puede haber distintas opiniones sobre cómo ordenar las cuentas fiscales. El Gobierno tiene que tomar decisiones y priorizar recursos. Pero otra cosa es pretender que esas decisiones tengan exactamente el mismo efecto en Santiago que en Aysén.
Aquí la discusión deja de ser solamente presupuestaria.
Para una región donde la inversión pública tiene un peso tan importante, cada disminución de recursos puede significar menos proyectos, menos actividad y menos posibilidades de mover una economía que todavía está esperando mejores señales. Por eso el debate sobre el FNDR no debería quedarse en una cifra dentro de una planilla nacional.
Y esta no es la primera vez que aparecen críticas desde sectores cercanos al Gobierno. Durante estos meses también hemos visto a parlamentarios oficialistas cuestionar decisiones relacionadas con los combustibles y otras medidas que han tenido impacto en el costo de vida.
Algo está pasando cuando las principales alertas no vienen solamente de quienes están fuera del Gobierno, sino también de quienes lo apoyan.
Quizás el problema no sea que existan estas diferencias. Al contrario. En una democracia es sano que quienes representan a las regiones puedan plantear sus reparos, incluso cuando pertenecen al mismo sector político de quienes toman las decisiones.
Lo importante es qué ocurre después de la crítica.
Todavía falta conocer cuál será finalmente el presupuesto FNDR que tendrá Aysén en 2027. Y ahí estará la respuesta concreta a buena parte de esta discusión.
Porque si la región necesita inversión, empleo y reactivación, habrá que mirar con atención cuánto espacio tendrá la inversión regional para contribuir a esos objetivos.
Por ahora, una cosa parece clara: el "no hay plata" comienza a instalarse en el debate nacional, pero en Aysén esa frase tiene consecuencias bastante concretas.
Y quizás por eso el fuego amigo recién está comenzando.





















