Editorial, Redacción La visita de los ministros de Obras Públicas y Transportes y del Interior a Aysén había generado expectativas. No todos los días llegan a la región tres integrantes del gabinete nacional y, además, autoridades que tienen en sus manos decisiones que pueden afectar directamente la vida de quienes vivimos aquí.
Por eso quizás la decepción fue mayor después del punto de prensa realizado en Coyhaique.
Había varias preguntas esperando respuestas. ¿Se han analizado medidas para enfrentar el fuerte aumento de los combustibles? ¿Qué alternativas existen para mitigar el impacto que tendrá el cierre del puente Presidente Ibáñez? ¿Habrá apoyo para los transportistas de pasajeros que deberán realizar recorridos más largos entre ambas riberas del río Aysén?
No hubo demasiadas respuestas concretas.
La visita sí tuvo actividades importantes. Se conmemoraron los 50 años de la Carretera Austral en Villa Cerro Castillo y los ministros recorrieron el nuevo terminal de pasajeros del aeropuerto de Balmaceda. Son obras y hechos relevantes para la región, pero también hay que decir que son proyectos que vienen de antes y que ya estaban en marcha.
Entonces es legítimo preguntarse qué quedó de nuevo después de la visita.
Los alcaldes de Coyhaique y Puerto Aysén parecen haber quedado con una sensación parecida. Ambos habían planteado problemas concretos de sus comunas y esperaban alguna señal que ayudara a enfrentarlos. En Coyhaique, el impacto del precio de los combustibles. En Puerto Aysén, las consecuencias del cierre del puente Presidente Ibáñez, sumadas al costo de vida y las dificultades de conectividad.
Es difícil pedirles a los alcaldes que no generen expectativas cuando tienen problemas que necesitan respuestas. Y también es comprensible que la comunidad espere que una visita ministerial deje algo más que fotografías y declaraciones.
Quizás aquí hay una diferencia entre lo que significa visitar Aysén desde Santiago y lo que significa recibir a una autoridad nacional en una región como esta.
Para nosotros, la visita de un ministro no es una actividad más de agenda. Es una oportunidad para plantear problemas que muchas veces cuesta instalar en las decisiones nacionales. Las distancias, los costos y las particularidades del territorio hacen que una respuesta que funciona en otra región no necesariamente sirva acá.
Por eso la visita de Claudio Alvarado, Fernando Barros y Louis de Grange no debiera quedar solamente como una actividad protocolar. Todavía pueden venir respuestas a los planteamientos que se hicieron. Y sería bueno que así ocurriera.
Porque Aysén no necesita que sus ministros vengan solamente a mirar las obras que ya están hechas o en ejecución. También necesita que vengan a escuchar lo que está pasando y, cuando sea posible, a decir qué se hará para enfrentar los problemas que hoy preocupan a la gente.
Quizás esa sea la diferencia entre una visita que se recuerda por las fotografías y una que realmente deja algo en la región.






















