Policía de Investigaciones de Chile, PDI
Junio es un mes especial para quienes trabajamos en la Brigada Investigadora de Delitos Contra el Medio Ambiente y Patrimonio Cultural (BIDEMA). No solo porque nuestra Institución conmemora un nuevo aniversario, sino también porque coinciden dos fechas que invitan a la reflexión: el Día Mundial del Medio Ambiente, que se celebró el pasado 5 de junio, y el Día Mundial de los Océanos, este 8 de junio.
Se podría pensar que proteger el medio ambiente es una tarea reservada para científicos, guardaparques o instituciones especializadas. Sin embargo, la realidad es mucho más simple: cada persona puede contribuir a cuidar el lugar donde vive y en una región como la de Aysén, donde la naturaleza forma parte de la identidad, esa responsabilidad adquiere un significado aún más profundo.
Quienes recorremos diariamente el territorio sabemos que detrás de cada bosque, río, humedal o fiordo existe una historia. Son espacios donde crecieron generaciones de familias, donde habitan especies únicas y donde miles de personas encuentran trabajo, recreación y bienestar. Cuando alguno de estos ecosistemas resulta dañado, no solo pierde la naturaleza; también perdemos todos nosotros.
En nuestra labor investigativa hemos conocido situaciones muy diversas: incendios forestales provocados por descuidos evitables, contaminación de cursos de agua, afectación de fauna silvestre y daños al patrimonio cultural que forma parte de nuestra memoria colectiva. En la mayoría de los casos, los responsables no imaginaron las consecuencias que sus acciones podrían generar.
Por ello, una de las herramientas más importantes para proteger el medio ambiente sigue siendo la educación. Una fogata mal apagada, basura abandonada en un área natural, residuos arrojados al mar o la perturbación innecesaria de animales silvestres pueden parecer actos menores, pero sus efectos pueden extenderse durante años.
Los océanos representan un ejemplo claro de esta realidad, aunque alguien podría observar el mar únicamente como parte del paisaje, este produce gran parte del oxígeno que respiramos, regula el clima y sustenta numerosas actividades económicas de nuestra región. Lo que ocurre en sus aguas termina impactando directamente nuestra calidad de vida.
Del mismo modo, los bosques, turberas, humedales y glaciares de la Patagonia cumplen funciones esenciales que muchas veces pasan inadvertidas. Son verdaderos aliados silenciosos que almacenan agua, capturan carbono y mantienen el equilibrio de ecosistemas únicos a nivel mundial.
En este nuevo aniversario de la PDI, renovamos nuestro compromiso con la protección del medio ambiente y del patrimonio cultural. Como también queremos transmitir un mensaje sencillo: invitar a cada hogar, cada escuela, cada vecino a proteger su entorno, denunciando ante la PDI, cualquier hecho que vulnere el medio ambiente y el patrimonio cultural de nuestro país.
Porque cuidar el medio ambiente no significa solamente proteger árboles, animales o paisajes, significa proteger la salud, la seguridad y el futuro de nuestras comunidades.
La mejor herencia que podemos dejar a las nuevas generaciones no es solo el recuerdo de una Patagonia hermosa, sino una Patagonia viva, sana y protegida.















