Editorial, Redacción Ayer conmemoramos el Día Mundial contra el Cáncer, lo que nos devuelve una cifra que estremece: en Chile, cerca de 60 mil personas son diagnosticadas anualmente. Sin embargo, tras la frialdad del número, se esconde una brecha territorial que en regiones como la nuestra, Aysén, adquiere matices críticos. Mientras la campaña internacional "Unidos por lo Único" aboga por humanizar la atención y fortalecer el diagnóstico temprano, la realidad de Coyhaique y sus alrededores nos obliga a preguntar: ¿estamos realmente en igualdad de condiciones para dar esa batalla?
Como bien señala la Dra. Valentina Ovalle, oncóloga y académica, la detección precoz es el factor determinante entre un tratamiento con intención curativa y uno paliativo. No obstante, en nuestra región, la "oportunidad" del diagnóstico muchas veces choca con la barrera de la distancia y el acceso. No es lo mismo postergar un examen de tamizaje por descuido que hacerlo por la falta de especialistas o la necesidad de trasladarse cientos de kilómetros para acceder a tecnología de punta.
El aumento sostenido de casos proyectado por el Observatorio Global del Cáncer es una alerta roja para nuestras autoridades. Si una de cada cinco personas desarrollará la enfermedad, la salud pública regional no puede seguir operando bajo la lógica de la reacción. No basta con la educación oncológica si el sistema no garantiza que, tras la sospecha, el paciente de una zona aislada no entre en un laberinto de esperas que consumen un tiempo que no tiene.
La campaña "Unidos por lo Único" nos recuerda que cada paciente es una historia individual, pero la solución debe ser colectiva. La prevención no es solo responsabilidad del ciudadano que debe "chequearse"; es un deber del Estado asegurar que los exámenes de tamizaje sean accesibles y oportunos, sin importar el código postal.
El cáncer sigue siendo la principal causa de muerte en el país. En Aysén, el desafío es doble: combatir la enfermedad y vencer el aislamiento. Fortalecer el diagnóstico temprano hoy no es una opción técnica, es una obligación ética para que el lugar donde vivimos no determine nuestras probabilidades de sobrevivir.





















