Patricio Segura Ortiz, Periodista. psegura@gmail.com
Avisté la gigantografía tras José Antonio Kast este 1 de mayo y no pude evitar deducir, si uno se guía por las redes sociales, lo mismo que una buena parte del país. "¡Qué manera de darse gustitos que desunen, en este caso restando ilegalmente protagonismo a los trabajadores y trabajadoras, reemplazándolos por un concepto menos político como es el del trabajo!" pensé.
La instalación a espaldas del Presidente rezaba "Día Nacional del Trabajo". Y no "Día Internacional de los Trabajadores", como es el uso histórico en Chile y casi todo el mundo. O "de las y los Trabajadores", cómo se optó durante la administración de Gabriel Boric.
Buscando confirmar la intencionalidad política, y de paso el desapego a la norma, recurrí a la ley. Que es, en la práctica, por la que en primer lugar se deben regir las instituciones y, por tanto, las autoridades. Porque aunque sea sólo una frase, la Contraloría ya ha dejado en claro que el gobierno (y todo el aparato del Estado) deben ser cuidadosos en el uso de las palabras y las puestas en escena en que se embarcan.
Fue así que me encontré con el Artículo 35 del Código del Trabajo, que expresamente "declara Día Nacional del Trabajo el 1º de mayo de cada año. Este día será feriado".
Texto en mano, e intentando aportar a un debate que supera con creces el nombre de este número rojo en el calendario, escribí un mensaje en Facebook. El objetivo, abordar la discusión política y de relato tras las muchas señales que entrega un gobierno, así como sus adherentes y detractores, y su cruce con lo que entendemos por cumplimiento de la institucionalidad.
"Lo cierto es que, independiente del sentido político que se le da, el gobierno está en lo correcto… en nuestra legislación hoy no es, formalmente, el Día Nacional del Trabajador. Claramente se debiera cambiar el nombre (y sentido), pero mientras aquello no ocurra, no es error que en los actos institucionales se use el concepto que establece la norma".
Y la furia se desató.
"No caigamos en leguleyadas. El 1 de mayo es el Día Internacional de los Trabajadores" dijo alguien. "Hacele un queque mate caldo" (sic) retrucó otro, mientras un tercero me conminaba a "no justificar lo injustificable". "Quiere celebrar el día de las empresas ? Hacer un homenaje a los súper ricos igual ??" remató un posteador, junto a unas caricaturas que aludían a una supuesta tendencia rastrera de mi parte, pero en clave sexual.
No faltó quien, en todo caso, sí abordara el tema de fondo: "Uno entendería ese afán por ser ajustado a lo que describe la ley de parte de un gobierno que fuese así de riguroso para hablar de la situación financiera de las arcas fiscales y que no haga referencia a un Estado en Quiebra y de un Presidente que tiene absoluta certeza respecto a que es un Humedal. La rigurosidad técnica y jurídica también puede ser usada de manera selectiva bajo una intencionalidad política, no nos perdamos en eso".
Comparto este análisis.
Está claro que este gobierno usa y abusa del verbo según su interés ideológico y político, donde la opción por seguir o no las formalidades se sustenta en motivos extra institucionales. Lo hemos visto con los requerimientos que le ha hecho la Contraloría en el sentido de que sus comunicaciones sean verificadas, correctas y oportunas. En este caso se colgaron de lo que dice la legislación, pero no pareciera ser que por ajustarse a la norma sino porque coincidía con su visión: ver con buenos ojos al empresario, mientras el trabajador es un activo más (del empresario).
A nivel global, el 1 de mayo es de los trabajadores (en plural). Con todo su sentido histórico y político, en recuerdo de la lucha que dio el movimiento obrero estadounidense en 1886, con la huelga general que partió ese día y que derivó en el enjuiciamiento y ahorcamiento en Chicago de los sindicalistas George Engel, Adolf Fischer, Albert Parsons y August Spiess. ¿Qué locura pedían? Las actuales jornadas de ocho horas diarias, de las cuales millones nos hemos beneficiado.
La instauración oficial de la fecha se acordó en el Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional, celebrado en París en 1889.
El problema es que en Chile, según la Ley, el Estado conmemora el Día Nacional del Trabajo. Una decisión de profunda raíz ideológica que debiera motivar, junto con develar la agenda político cultural (e institucional) del gobierno, el impulso de la reforma respectiva. Y así nos ahorramos las salidas del libreto social de la administración de turno.
Pero más allá de aquello, lo que queda de esta microescaramuza es la facilidad para ver adversarios (e incluso enemigos) en quienes intentan aportar diversos puntos de vista a un debate abierto. No lo digo por quienes tienen legítimamente una opinión distinta y entregan sus propios argumentos. Lo expreso por los insultos a la orden del día que se distribuyen como quien esparce chips de chocolate. Pero ésta no es una queja (no podría serlo, las ofensas acá no mellan el argumento), la idea es sólo reforzar un punto sobre el que nunca se escribirá lo suficiente.
Para la anécdota queda la notoria falta de coordinación que exhibe, una vez más, el gobierno cuando quiere dar sus señales. Así como el fondo del Presidente Kast decía "Día Nacional del Trabajo", su vocera Mara Sedini conmemoró en sus redes sociales "el Día del Trabajador", al igual que el Ministerio de Seguridad Pública, la Subsecretaría de Educación Superior, varias secretarías regionales ministeriales y otras reparticiones públicas que continuaron con el sentido original de la conmemoración: reivindicar las luchas sociales y sindicales que permitan, hoy por hoy, una sociedad más justa que la de hace 150 años. Incluso aunque haya sido sólo por error y no por apego a la verdad histórica.















