Redacción, Diario El Divisadero Los grandes anhelos del país y sus regiones se van cumpliendo en la medida que los ciudadanos y el gobierno de turno, asumen una convicción en torno a esas metas, las que por cierto se sustentan en demandas de larga data y que se relacionan con la legítima aspiración que tienen las personas por progresar y mejorar sus condiciones de vida.
En Aysén esa máxima parece ser aún más intensa, ya que somos una zona extrema que ha debido sortear muchísimas dificultades para poder lograr desarrollarse, una realidad en la cual todos los últimos gobiernos, desde que se recuperó la democracia, tienen una importante cuota de responsabilidad. Hoy muchos aiseninos y aiseninos sienten que esa convicción está extraviada o bien se ha trastocado de tal manera, que la sensación de seguir siendo los últimos en todo parece agudizarse, lo que no hace más que confirmar que en Chile y su institucionalidad, sigue primando el criterio de rentabilidad económica por sobre cualquier otra variable. Y. así las cosas, tendremos que esperar varias décadas más para ver materializadas obras de infraestructura fundamentales para la región, como una carretera austral pavimentada, un puerto acorde a las tendencias del turismo de cruceros y el tamaño de los barcos mercantes modernos. Viviendas de buena calidad y un plan de mejoramiento vial urbano planificado y con metas claras.
Pero aún hay muchas promesas y demagogia dando vuelta, muchas frases para los titulares de los medios, pero pocas cosas concretándose, una realidad que se nota, que está a la vista y que no cambia solamente por las buenas intenciones y cuñas rimbombantes de las autoridades.
La ciudadanía plantea a diario que quiere crecer, desarrollarse y proyectarse, y ese mismo anhelo se transforma en un objetivo región, se requiere medidas y políticas acertadas para lograrlo, no solamente excusas ni permanentes justificaciones. Para el Gobierno, ese debe ser el motor de su gestión y debe tener muy clara esa arista para poder estrechar vínculos con la comunidad y generar afectos y empatía en torno a su misión de dirigir los destinos del país. Si no hay sintonía, difícilmente habrá un reconocimiento de la gente a las acciones gubernamentales, por positivas o relevantes que estas sean.
Porque cuando la ciudadanía no advierte avances, surge una legítima duda respecto a la marcha del país. Por eso es que en Chile siguen existiendo muchas interrogantes en torno a la gestión del gobierno, y la gente se pregunta cuál es la propuesta del Ejecutivo para lograr un mayor nivel de desarrollo en esta región apartada y en evidente rezago respecto al resto del país.
Nadie desconoce que existen en la zona numerosas demandas no resueltas que siguen generando una sensación de insatisfacción. Por ello se hace tremendamente necesario sumar voluntades y planificar, con consenso y seriedad, una propuesta amplia e integradora, y poniendo en valor la unidad regional como uno de los pilares fundamentales para alcanzar las metas que tanto anhelamos.





















