Redacción, Diario El Divisadero
A través de una publicación en redes sociales, Antonieta Provoste denunció una situación una serie de situaciones de maltrato psicológico ocurridas a lo largo de los años en una escuela rural de la zona norte de la región de Aysén.
En conversación con El Divisadero, la joven -que prefirió no dar a conocer el nombre de la escuela- reconoce que ella misma pasó por situaciones similares durante su etapa como estudiante de enseñanza básica en la localidad, época en la que incluso, hubo algún tipo de maltrato físico, como zamarreos por parte de una profesora del establecimiento.
Hoy decide hacer pública la denuncia porque una de las afectadas es su hermana menor, de nueve años de edad, quien ha sufrido burlas, comentarios ofensivos y gritos.
"Esto ya había pasado hace mucho tiempo, muchos años, de mi generación. Harto tiempo que se veían este tipo de maltrato, como psicológico, por decirlo. Por ejemplo, esas comparaciones con los niños, decirles que eran incapaces de hacer cosas o la manera cómo los retaban, les hacían la ley del hielo y esas cosas", relata Antonieta.
Según su relato, este tipo de malos tratos provienen principalmente de una profesora que lleva unos 20 años dando clases en la misma escuela y de otro profesor que "cuando nosotros estábamos en la escuela tenía igual esas actitudes con los niños".
Esta situación ha generado un desgaste al interior de la comunidad estudiantil y un efecto a largo plazo en los alumnos. "Yo tengo otra hermana, que es mi melliza, estudiamos las dos juntas y ella le afectó mucho emocionalmente, sobre todo, la manera de interactuar con esta docente. Su autoestima había bajado mucho, su seguridad y esto le ha repercutido ahora que es grande, ya adulta aún le cuesta, por ejemplo, creer en sí misma, porque era tanto el nivel de acoso de la profesora, al decirle que no era capaz y compararla con otros alumnos", relata.
"Tienen que irse a otra localidad"
Antonieta señala que debido a este tipo de situaciones repetitivas en el tiempo, algunas familias han decidido retirar a sus hijos de la escuela. Hoy, por ejemplo, tres familias sacaron a sus hijos de clases, lo que conlleva otro tipo de desafíos.
"Es un problema grande para la familia, porque al final los chicos se van del colegio, pero los papás tienen que ver el tema de alojamiento, dónde se quedan, porque tienen que irse a otra localidad. Se tienen que ir sí o sí a otra localidad a buscar un nuevo establecimiento, el tema de sus trabajos, el tema de la locomoción, cómo se sienten los niños (…) Al final los hijos se tienen que separar de alguna manera de lo que conocieron. La escuela debería ser un lugar seguro y no lo es. Y siempre ha pasado y al final afecta, afecta a los papás, afecta a los niños y, en realidad, a todo el núcleo familiar", reflexiona Antonieta Provoste.
Añade que, en primera instancia, los apoderados de los niños que se sintieron afectados por esta situación abordaron el tema con los profesores, pero "en realidad fue peor, porque los docentes habían empezado a tener actitudes más pencas todavía con los niños".
Desde la comunidad estudiantil ya elevaron una queja formal mediante el conducto correspondiente, pasando desde la Superintendencia de Educación al Servicio Local de Educación Pública, y esperan que se tomen medidas concretas. "Que la profesora se retire, porque ella ya lleva más de 20 años de servicio y que haya más fiscalización por parte de las instituciones encargadas de las escuelas. Que del SLEP acompañen más a los niños, que revisen", indica la denunciante.
Antonieta asegura que después de publicar su denuncia en redes sociales, ha recibido muchos mensajes de personas que pasaron por situaciones similares en otros establecimientos educacionales de la región y no recibieron orientación sobre qué hacer o cómo canalizar sus reclamos.





















