Universidad de Aysén, - Cuando pensamos en la ciencia, y en quienes la construyen, muchas veces imaginamos grandes laboratorios en ciudades lejanas o figuras que parecen desconectadas de nuestro día a día. Si vamos más allá y pensamos: ¿Qué es la ciencia y qué nos permite alcanzar? La respuesta se diluye aún un poco más y se nos vienen a la mente los grandes descubrimientos científicos que han permitido a la humanidad avanzar hasta nuestro punto de desarrollo actual. Sin embargo, la respuesta es más sencilla y está más al alcance de la mano: la ciencia es una forma de entender, y por lo tanto de cuidar el lugar que habitamos.
Como académica de la UAysén he tenido el privilegio de ver cómo estudiantes y profesionales de la región comparten la pasión por desentrañar los misterios de la vida. He aprendido que hacer investigación desde esta región se vive como una necesidad compartida. En nuestro laboratorio, en la UAysén, trabajamos en temas que pueden sonar lejanos: muerte celular y atrofia en el músculo esquelético, variabilidad de la frecuencia cardíaca, microscopía electrónica en mitocondrias y hongos, baños de bosque y realidad virtual. Suenan a temáticas poco aplicadas y muy divergentes… Sin embargo, detrás de cada proyecto hay una sola y única pregunta: ¿Qué podemos hacer para mejorar la calidad de vida de las personas? Para responder a esta pregunta, hemos contado con algo invaluable: la colaboración.
Actualmente, impulsamos tres iniciativas que reflejan este espíritu. En el ámbito clínico, tras un exitoso piloto junto profesionales del Hospital de Puerto Aysén y el Hospital Regional Coyhaique, donde comprobamos que la suplementación con creatina mejoraba la fuerza de pacientes en diálisis, postulamos a un fondo FONIS para expandir este beneficio a más personas a nivel nacional y, ojalá internacional. Paralelamente, estudiamos el bienestar midiendo el impacto de una técnica originada en Japón, denominada "shinrin-yoku" o baños de bosque: en conjunto con tesistas de la universidad estudiamos si la realidad virtual ofrece beneficios de relajación similares a la inmersión presencial, abriendo una ventana de salud para personas hospitalizadas o con movilidad reducida. Finalmente, nos sumergimos en la ciencia básica y la conservación: investigamos los mecanismos celulares que llevan a la pérdida de masa muscular y, en una hermosa colaboración con el Museo Regional de Aysén y la Universidad de Chile, estamos utilizando microscopía de avanzada para identificar los hongos que deterioran nuestros libros y documentos históricos, protegiendo así nuestra memoria colectiva.
Entender cómo funcionan nuestros ecosistemas, desde la escala microscópica de un hongo hasta el bienestar físico que nos brinda un paseo por el bosque, nos ayuda a tomar mejores decisiones sobre cómo convivir con este territorio, y veo un valor agregado cuando las y los estudiantes de la UAysén, formados en nuestras propias aulas, se interesan por resolver problemas que afectan a sus propias comunidades.
Invito a la comunidad a ver la investigación como una herramienta cercana. No es necesario tener un doctorado para maravillarse con un nuevo descubrimiento o para hacerse preguntas profundas sobre nuestro entorno. Hacer ciencia es, en el fondo, apostar por nosotros mismos y por nuestra capacidad e independencia para entender quiénes somos y hacia dónde queremos ir.




















