Patricio Ramos, Ciudadano
Las bombachas son parte de la indumentaria gaucha. No hablaré de su poco romántico origen militar, según dicen, por allá en la lejana guerra de Crimea.
Adaptadas a las necesidades del hombre de campo allende los Andes, también han sabido ocupar un lugar en estos pagos meridionales. El aysenino las ha usado, no mayoritariamente en el pasado, pero desde que empezamos a manifestarnos algo chovinistas con esto de ser patagones, nos sentó bien la boina y las bombachas.
Uso bombacha desde que tengo uso de razón. De hecho, al parecer, la anchura de dicha prenda se avenía con los pañales que el cronista usó hasta cierta edad. Arribada la primavera, también me acompañan cómodas alpargatas. Y boina.
En el presente, me visten en medio de afanes forenses aquellos baluartes de la comodidad, que luzco con orgullo, y combino con corbatas, colleras, etc.
Y sin embargo desvirtuadas.
Me perdonará el lector el devaneo, pero a veces pienso, que, así como mis perros —dos pastores del Pirineo- deben extrañar genéticamente el cuidar rebaños en la vieja Europa, estas prendas, si sintieran, añorarían el vestir a un hombre libre que, arriba de un caballo, va a galope tendido tras un inusitado guanaco o escurridizo ñandú.
Imagino esta escena en medio de la ventisca, llena de movimiento, en la inmensidad de la pampa. El caballo resoplando. El hombre inclinado sobre el cuello del animal. La bombacha cumpliendo con su destino. Épico.Sin embargo, las bombachas de este letrado se sientan junto con su propietario en cómoda silla, en su despacho. Y así permanece las horas legales; todos los días.
Nada de estepa inmensa, nada de caballos, nada de cercar un potrero, ni de forrajes, ni de sogas, ni de guanacos.
¿Habrá un mejor destino para mis bombachas? Pudiera parecer una nadería, y hasta una falta de respeto adentrarse en estas disquisiciones. Sin embargo, el uso que se les dé a las prendas no es baladí. Nos vestimos como nos da la gana, mostramos pertenencia a un lugar a una cultura, nos disfrazamos: ¿qué hacemos cuando nos vestimos?Yo, calzo bombachas porque me gustan, son cómodas. Y, de vez en cuando me gusta que me pregunten
Y aquí comienza otra historia. Porque la pregunta parece sencilla. No lo es. Podría responder que por comodidad. Y sería verdad. Podría decir que porque soy patagón. Sería verdad, aunque probablemente abriría una lírica discusión acerca de qué significa ser patagón, quién tiene derecho a llamarse así y desde cuántas generaciones hacia atrás debemos empezar a contar.
Pero la verdad es que las bombachas dicen algo de mí.
Quizás dicen que uno puede habitar una frontera sin estar obligado a escoger completamente entre un lado y otro. Que podemos ser modernos y antiguos, jurídicos y campesinos, citadinos y fronterizos, solemnes y ridículos, todo en una misma persona y, por qué no, en un mismo pantalón.




















