Columnista, Colaborador
Todos conocemos al futbolista Alexis Sánchez quien ha tenido una trayectoria futbolística destacada, un "héroe moderno", ejemplo para muchos y que se encuentra en el ocaso de su carrera. Sin embargo, esa destacada carrera se fue desarrollando con el tiempo y recuerdo al Alexis de Udinese, equipo italiano donde destacaba por sus regates, gambetas. Luego llega a Barcelona simplifica su juego, evitar retener tanto el balón en la conducción individual y buscar mayor eficacia directa de cara al arco rival, jugando en equipo. El resto de la historia ya la conocemos.
En la administración se suele hacer la diferenciación entre en eficiencia y efectividad; y en política es necesario hacer la distinción entre efectismo y eficacia; Alexis de Udinese es efectista mientras que el de Barcelona es efectivo.
El efectismo en política es esa puesta en escena que busca transmitir un avance o resultados, habitualmente en aspectos comprometidos, pero que no tiene mayor asidero, no representa un resultado real y tampoco se acerca al objetivo trazado; pero que llama poderosamente la atención y busca generar sensaciones falsas de bienestar especialmente cuando existe angustia respecto a un tema sensible como es la inseguridad.
La semana recién pasada vimos esa puesta en escena en el traslado de más de seiscientos reos de alta peligrosidad al complejo penitenciario "La Laguna" de Talca inaugurada oficialmente en enero de 2025. El sábado 15 de agosto ingresaron 250 reos más de cárceles de la región del Maule; sumado a los cuatrocientos privados de libertad que ya estaban en la cárcel tenemos un total de más de 1.300 personas, quedando aún mil plazas por cubrir en los 14 pabellones que tiene la cárcel.
El "estilo Bukele" de este traslado es evidente, donde se proyectan imágenes sistemáticas de reclusos, uniformados o en fila con la cabeza gacha y manos a la espalda, sumado a una transmisión en vivo; muestra la peligrosidad de este traslado; pero da lo mismo el peligro, lo importante es mostrar, lo importante es colocar viñetas y letras de estilo cinematográfico tal como se hizo en campaña; captar la atención de los medios y consolidar la actividad con un discurso basado en el slogan "cambió la mano".
¿Cambió realmente la mano? La respuesta es categórica: No; ya que el traslado no significa una política criminal de largo plazo, ni la modernización legislativa del sistema de inteligencia y rehabilitación penitenciaria. Es efectismo, es el Alexis Sánchez que podía hacer tres bicicletas ante su rival, pero termina enviando un pase hacia atrás. ¿Hay gol? ¿Se gana el partido? Claramente no.
Pasar a "jugar en el Barcelona" en materia de seguridad implica una política pública robusta, discutida, socializada y altamente consensuada para que entregue solución verdadera a la problemática, y así, ganar el partido de la inseguridad al estilo Barcelona, es decir efectivo.
El anuncio de treinta proyectos de ley y una reforma constitucional es la intención de jugar "a lo Barcelona"; pero ya hay problemas del "traspaso de Udinese a Barcelona", porque considera una reforma constitucional que busca explicitar que la seguridad pública es un deber preferente del Estado. Sin embargo, juristas como el ex ministro Luis Cordero y expertos en derecho constitucional señalan que el Artículo 1° de la Carta Fundamental ya establece como deber del Estado «resguardar la seguridad nacional, dar protección a la población y a la familia» por lo que agregar fórmulas declarativas a las base de la institucionalidad no entrega nuevas facultades operativas a las policías ni mejora la persecución penal, corriendo el riesgo de convertirse en «simbolismo constitucional» sin impacto real en las calles; o sea… efectismo.
Se abre el debate y es de esperar que sea desde la efectividad y no el efectismo que vimos con el cinematográfico traslado de reos y la solución legal y de política pública para la inseguridad se elabore al "estilo o ADN Barcelona"; mucho toque de balón (participación parlamentaria y técnica); distintas estrategias para llegar al arco rival (discusión y consenso), insistencia y presión alta (agilidad jurídica y realidad territorial); pero por sobre todo más efectividad y menos efectismo, porque si la política sigue siendo puro efectismo no le ganamos un partido a nadie.




















