Columnista, Colaborador
El primer programa de acompañamiento a personas y familias, "Alivio del dolor y cuidados paliativos por cáncer avanzado", fue promulgado por el Ministerio de Salud en 1995 e ingresó al sistema de Garantías Explícitas en Salud (GES) en 2005, incorporando posteriormente a pacientes con dolor por cáncer no progresivo.
En 2021, la Ley N.º 21.375 consagró los cuidados paliativos universales, ampliando su cobertura a todas las personas con enfermedades terminales o graves, incluyendo aquellas de origen no oncológico. Un estudio de la Pontificia Universidad Católica (2024) estimó que cerca de 41 mil personas mayores de 15 años con enfermedades no oncológicas requerirían estos cuidados, cifra necesaria para implementar la Ley.
A nivel mundial, se estima que al menos 61 millones de personas padecen o mueren anualmente por condiciones de salud que provocan graves sufrimientos. La mayoría corresponde a enfermedades no oncológicas, una realidad que seguirá creciendo debido al envejecimiento poblacional y al aumento de las enfermedades crónicas no transmisibles. Frente a ello, los cuidados paliativos buscan prevenir, identificar y aliviar el sufrimiento, resguardando la dignidad y calidad de vida.
Cicely Saunders, fundadora de los cuidados paliativos modernos, acuñó el concepto de "dolor total", que comprende las dimensiones física, psicológica, social y espiritual del sufrimiento, vale decir un dolor que afecta a la persona en todas sus dimensiones, y que, por lo invasivo y limitante, sólo es asimilable al sufrimiento existencial. En el origen del dolor espiritual está la conciencia que, enfermedad y muerte, revelan la fragilidad y finitud de la existencia humana, amenazando sus proyectos, vínculos y esperanzas.
En este contexto emergen las necesidades espirituales, inherentes a toda persona y no necesariamente vinculadas a una confesión religiosa. La Sociedad Española de Cuidados Paliativos identifica, entre ellas, la necesidad de ser reconocida en su dignidad, encontrar sentido a su historia y enfermedad, reconciliarse consigo misma y con los demás, expresar sus sentimientos, experimentar amor y mantener la esperanza que permita abrirse a la paz, el legado y la trascendencia.
En síntesis, el cuidado espiritual constituye una dimensión esencial de los cuidados paliativos. Su propósito es acompañar a la persona y su familia frente al sufrimiento, ayudándoles a encontrar consuelo, esperanza, fortaleza y sentido, en medio de una experiencia que inevitablemente la confronta con la finitud de su vida.
























