Editorial, Redacción Que el directorio del Banco de Chile se reúna en Coyhaique y que el Congreso de Hoteleros 2026 convoque al sector en la capital regional son señales de que Aysén está siendo mirada más allá de sus paisajes. En ambos encuentros hubo representantes del mundo privado que pudieron conocer de cerca una región con posibilidades de crecimiento, pero también con dificultades que siguen frenando parte de su desarrollo.
Y eso es lo interesante. Aysén tiene actividades productivas que pueden crecer, empresas que buscan abrirse camino y emprendedores que conocen bien las oportunidades de su territorio. El turismo es una de ellas, aunque no la única. Diversificar la economía, generar empleos y ampliar los mercados requiere que otros sectores también encuentren espacio para desarrollarse.
Pero una cosa es reconocer el potencial y otra muy distinta es decidir invertir. En una región donde las distancias encarecen la operación de los negocios, la conectividad sigue siendo un desafío y los mercados son más reducidos, las condiciones para emprender y crecer no son las mismas que en el centro del país. Quien pone recursos sobre la mesa necesita certezas, infraestructura y reglas claras.
Ahí el Estado tiene una responsabilidad que no puede delegar. Facilitar inversiones no significa renunciar a las exigencias ni entregar garantías sin condiciones. Significa identificar los obstáculos que se pueden resolver, agilizar lo que corresponde y generar un entorno donde los proyectos viables puedan avanzar. También supone entender que las decisiones que se toman en Santiago no siempre responden a la realidad de una región extensa y aislada como Aysén.
Hay, además, una pregunta que no debiera quedar fuera de estas conversaciones: ¿qué gana la región cuando llega una nueva inversión? No basta con que se anuncien proyectos o se destaque el interés empresarial. Importa que surjan empleos, que las empresas locales puedan convertirse en proveedoras y que las oportunidades alcancen a quienes llevan años trabajando desde aquí.
La colaboración entre el mundo público y el privado se menciona con frecuencia, pero no siempre pasa de las buenas intenciones. Estos encuentros pueden servir para algo más si permiten mantener el diálogo, identificar trabas concretas y acordar pasos que después puedan evaluarse.
Aysén no necesita convencer al mundo de que tiene potencial cada vez que recibe una visita. Necesita que ese potencial encuentre condiciones para convertirse en actividad económica, trabajo y mejores oportunidades para su gente. Ahí se verá si el interés de estos días logra dejar algo más que buenas declaraciones.






















