Columnista, Colaborador
Terminar este ciclo como Seremi es, ante todo, un ejercicio de gratitud hacia cada vecino y vecina que hizo suya la causa ambiental. Durante estos años, mi compromiso fue que el medio ambiente dejara de ser un tema de expertos para convertirse en una conversación cotidiana en la mesa de las familias de Aysén. Entendimos que la verdadera protección de nuestra tierra nace de la planificación comunitaria y del afecto por nuestro territorio; por eso, cada estufa, compostera o forjador ambiental es y será acción directa. No solo gestionamos recursos, sino que cultivamos una conciencia compartida que hoy es el legado más valioso que dejamos para el presente y el futuro de la región.
El gobierno del presidente Gabriel Boric ha demostrado que la democracia y el medio ambiente son dos caras de una misma moneda. A nivel nacional, hemos impulsado una gestión ciudadana donde el acceso a la información y la justicia ambiental son derechos garantizados a través del Acuerdo de Escazú, que esperamos siga profundizándose. En Aysén, este sello nacional se vivió con fuerza: fuimos la segunda región con mayor porcentaje de certificación ambiental de escuelas y jardines infantiles a nivel país, dato relevante en este inicio del año escolar 2026. Esta conexión entre lo local y lo nacional prueba que, cuando el gobierno escucha y se organiza con su gente, los avances son más profundos y duraderos, y el cuidado ambiental llega a todos los sectores, no solo a los más acomodados.
Llevamos la educación y la acción ambiental a cada rincón de nuestra geografía, invirtiendo con fuerza en el saber de nuestra gente. Ejecutamos más de 1.000 millones de pesos en políticas de educación ambiental a través de fondos FNDR, abordando temas críticos como la calidad del aire y la gestión de residuos domiciliarios. Realizamos más de 200 charlas durante todo el período para que la información técnica llegara de forma clara y oportuna a los hogares, con un fuerte despliegue en redes sociales, superando en mi gestión las 1.000 publicaciones. Este esfuerzo de transversalización nos permitió ejecutar un presupuesto sectorial regional superior a los 5.000 millones de pesos, demostrando que la gestión ambiental es una inversión directa en el bienestar y la dignidad de las familias ayseninas.
Creamos redes de colaboración que hoy sostienen el tejido social y sustentable de nuestra región. Uno de nuestros mayores orgullos fue dar vida a la red "Micelio", la primera red de mujeres sustentables por la acción climática, reconociendo el rol fundamental de las mujeres en la protección de la vida.
También avanzamos con el sector privado, entregando la primera certificación de "Oficina Verde" a Aguas Patagonia, y colaboramos en acuerdos de producción limpia para el manejo del bosque nativo. Estos hitos no son eventos aislados; son la base de un Aysén que ahora sabe trabajar en conjunto —Estado, empresas, sociedad civil y academia— por un objetivo común.
Me despido de este cargo con la tranquilidad de la tarea cumplida, pero con el compromiso intacto de seguir trabajando por nuestra naturaleza. Servir a Aysén ha sido el honor más grande de mi vida.





















