Editorial, Redacción Llegan las anheladas vacaciones, el momento de preparar las maletas y buscar el merecido descanso. Sin embargo, cada vez es más evidente que empacamos con nosotros un intruso silencioso: el teléfono celular. Lo que antes era una herramienta para facilitarnos la vida, hoy se ha convertido en el protagonista absoluto de nuestro tiempo libre, obligándonos a reflexionar profundamente sobre cómo el uso desmedido de las pantallas moldea nuestro cerebro y, por ende, nuestro comportamiento social.
Debemos entender que nuestra dependencia no es casualidad. Como advierte el autor de una reciente columna llegada a nuestro diario, las aplicaciones que consumimos a diario están meticulosamente diseñadas para ser adictivas. Sus algoritmos compiten sin descanso por capturar y retener nuestra atención, dejando en un segundo plano nuestra salud y paz mental. Desde una perspectiva biológica, nuestro cerebro simplemente no ha evolucionado para vivir en un estado de alerta permanente, recibiendo notificaciones y buscando "likes" cada tres minutos. Esta hiperconexión constante mantiene elevados nuestros niveles de cortisol, la hormona del estrés, lo cual sabotea y anula la función reparadora que debería tener el descanso.
Las consecuencias de este fenómeno trascienden nuestra fisiología e impactan directamente en nuestra vida comunitaria. Hoy padecemos el síndrome del "presente ausente". Es alarmante ver cómo las personas están físicamente en un lugar, pero mentalmente atrapadas en el ciclo infinito del teléfono. Hemos llegado a un punto en el que buscar el ángulo perfecto para una red social parece ser más importante que observar una puesta de sol o sostener una conversación genuina con quien tenemos al lado. Esta dinámica nos aísla, empobrece nuestras relaciones y debilita el tejido social.
Como sociedad, es urgente adoptar una postura crítica e informarnos sobre el impacto que tiene la tecnología en nuestras vidas. No se trata de adoptar una postura tecnofóbica o rechazar los avances. La tecnología es una herramienta fantástica, pero debemos volver a ser sus dueños, no sus empleados.
Invitamos a la ciudadanía a tomar el control y a aplicar la verdadera inteligencia emocional: tener la disciplina de activar el "Modo Avión" sin sentir culpa. Atrévase a experimentar el silencio digital y permítase el aburrimiento. Es en esos espacios sin pantallas donde surge la creatividad y donde logramos recargar la batería más importante de todas: la nuestra. En tiempos de saturación, desconectar para reconectar no es solo una frase hecha, es una urgencia vital.




















