Hospital Regional Coyhaique, -
En el Hospital de Día Keoken (HDD), dispositivo de salud mental del Hospital Regional Coyhaique, único en su tipo en la región de Aysén, hablamos con frecuencia de diagnósticos, síntomas, tratamientos, medicamentos, intervenciones y procesos de rehabilitación. Pero existe un elemento que determina que una intervención tenga real sentido para quien la recibe: el vínculo terapéutico.
A propósito de cumplir 18 años, quisiera detenerme precisamente allí: en lo que ocurre cuando una persona no solo es atendida, también es escuchada, reconocida y comprendida desde su propia historia.
Ismael llegó al Hospital de Día después de haber transitado principalmente por la atención privada. Previamente había rechazado la atención pública, porque sentía que ese espacio no respondía a lo que necesitaba.
Ismael ama leer. Los libros son su mundo y han formado parte de su vida desde siempre. Son una parte fundamental de su identidad y de la manera en que lo comprende. Sin embargo, durante períodos de mayor desorganización, algunos de sus relatos comenzaron a alejarse de lo que reconocemos como una realidad compartida.
En algún momento leyó una epicrisis que describía parte de su proceso de hospitalización. Al hacerlo tuvo dificultades para reconocerse. Desde su perspectiva, la explicación clínica parecía invisibilizar lo fundamental: efectivamente había leído durante toda su vida. Había autores, historias y conocimientos que eran reales y significativos. Entonces surgió una pregunta mucho más compleja que aceptar o rechazar un diagnóstico: ¿qué parte de lo que había vivido era propia y qué parte correspondía a su diagnóstico?
En el HDD responder esa pregunta no podía consistir en repetirle un diagnóstico y objetivar esa aceptación como referencia máxima.
Con su ingreso comenzó un proceso que requirió tiempo, acompañamiento, intervenciones del equipo terapéutico y participación de su red de apoyo. Su relación con el diagnóstico fue cambiando, no porque alguien lograra convencerlo, sino porque fue posible construir un espacio donde sus experiencias podían ser escuchadas, revisadas y comprendidas sin negar aquello que para él tenía valor.
Su historia nos recuerda algo esencial: aceptar un diagnóstico no debiera significar renunciar a la propia identidad. Una persona siempre es mucho más que lo escrito en una ficha clínica. Es su historia, sus afectos, capacidades, intereses, vínculos, temores y proyectos de vida.
Por eso, construir ese vínculo no es únicamente generar confianza para realizar una intervención. Es, en sí mismo, parte de la intervención y en estos 18 años, algo crucial.
Que exista un espacio seguro para preguntar, disentir, dudar y elaborar el diagnóstico puede dejar de sentirse como una definición impuesta y transformarse en una herramienta para comprender una parte de la propia experiencia.
Por eso, desde que existimos, seguimos aprendiendo que detrás de cada diagnóstico hay una persona que necesita tratamiento, y también reconocimiento; conocimientos técnicos y también escucha; intervenciones, pero también vínculos.
En el HDD sabemos que puede ser el comienzo de una forma distinta de comprenderse a uno mismo.
Ismael:
Mirar distinto no requiere solo mi constancia, sino también la constancia de lo que miras. Una responde a la otra. Llegué al HDD con reservas, lo común y hasta necesario con la Salud Pública. Decir "son personas" es una obviedad, pero no es tan así. La relación habitual con la Institución, con el Estado, en suma, es impersonal y un tanto alienante. Aquí no. Enfrente no hay una enfermedad sin cara ni nombre propio: depresión, la esquizofrenia y demás. O psicología, el trabajo social y medicina en abstracto. O mente y los fármacos. A todo le corresponde alguien, y una elección. Antes no lo veía.
























