Editorial, Redacción Hay una pregunta que muchos habitantes de la capital regional se hacen a diario y que parece absolutamente legítima: ¿está creciendo Coyhaique? ¿Se está desarrollando realmente la ciudad? Las respuestas pueden ser muy distintas dependiendo de dónde se mire y de qué entendamos por desarrollo.
Una señal evidente es el creciente interés de grandes cadenas comerciales por instalarse en la capital regional. La llegada o eventual llegada de nuevos actores del retail puede interpretarse como una muestra de confianza en el mercado local y como una señal de que Coyhaique comienza a adquirir mayor relevancia económica. Pero ese movimiento todavía es incipiente y, por sí solo, no permite concluir que la ciudad esté avanzando de manera integral.
Porque existe también otro Coyhaique, mucho más cotidiano, que enfrentan diariamente sus habitantes. Es el de las calles que requieren pavimentación, las veredas deterioradas, los baches y un casco histórico que presenta evidentes signos de desgaste. Es ahí donde aparece una segunda pregunta: ¿puede hablarse de desarrollo cuando aspectos tan básicos de la infraestructura urbana siguen pendientes?
El desarrollo de una ciudad no puede medirse únicamente por sus grandes edificios, nuevos proyectos inmobiliarios o la llegada de importantes empresas. También debe observarse en aquello que forma parte de la vida cotidiana de las personas. Una vereda en buenas condiciones, una calle segura y transitable, espacios públicos cuidados y un centro urbano ordenado son también indicadores de calidad de vida y, por lo tanto, de desarrollo.
Coyhaique enfrenta hoy una oportunidad importante. El interés privado puede contribuir a dinamizar la economía, generar empleo y ampliar la oferta de bienes y servicios. Pero ese crecimiento debe ir acompañado de una planificación urbana capaz de responder a las nuevas necesidades que tendrá la ciudad.
En esa tarea, el municipio tiene un papel fundamental, pero no puede hacerlo todo por sí solo. Se requiere coordinación con el Gobierno Regional, los ministerios y otros organismos públicos, además de una participación activa del sector privado y de la propia comunidad.
Quizás sea precisamente esta última la que tenga algo importante que decir. Antes de definir cómo queremos que sea el Coyhaique de los próximos diez, veinte o treinta años, sería conveniente escuchar a quienes viven diariamente sus calles y barrios. Preguntarles qué funciona, qué falta y qué debería ser prioritario.
Porque el desarrollo no debiera ser solamente aquello que se anuncia en grandes titulares. También debe ser aquello que una persona puede comprobar cuando sale de su casa, camina por su barrio, transita por una calle o utiliza un espacio público.
Coyhaique tiene condiciones para crecer y convertirse en una ciudad más dinámica y moderna. El desafío es conseguir que ese crecimiento sea ordenado, equilibrado y perceptible para todos. Y para saber si realmente estamos avanzando, quizás no haya mejor indicador que preguntarle directamente a quienes habitan la capital regional.



















