Peter Hartmann, Coordinador Coalición Ciudadana por Aisén Reserva de Vida
La mecha la encendió una foto en redes sociales de un zorro devorando un salmón a orillas de un cauce de un parque nacional. En días siguientes apareció otra foto de un puma cazando salmón a orillas de un río. Vale recordar que los salmónidos acá son especie exótica y hace algún tiempo declaradas invasivas por los especialistas convocados por el Ministerio del Medio Ambiente. Eso incluye truchas y salmones propiamente tal. Eso, por mas que tienen sus defensores entre pescadores deportivos y los salmoneros, que niegan, intere$es económicos de por medio, dicha invasividad, aunque la realidad los contradiga. Y al final, por lo visto, suelen prevalecer esos intere$es que son respaldados por la institucionalidad pesquera, por más que el Convenio sobre la Diversidad Biológica y las Estrategias de Biodiversidad, refrendadas por Chile, pretendan y digan otra cosa. Vale recordar que los miles de salmones fugados de sus jaulas, por más que su "dueño" no los recupere, no está permitido pescarlos. En esas ocasiones, algunos se olvidan rápidamente de sus banderitas chilenas, sus compromisos y obligaciones legales e incluso su ambientalismo, mientras los salmónidos se comen a los peces nativos y arrasan con la vida acuática, incluso en parques nacionales.
Bueno, este tema da para largo y comienza tal vez en que, como dice Carl Sagan, los humanos constituimos 36%, más nuestros animales domésticos otros 60%, lo que suma 96%, de la biomasa de mamíferos sobre el planeta Tierra. ¡Evidentemente esto tiene sus efectos! Y somos los mismos humanos los que trasladamos especies silvestres exóticas desde su ecosistema original hacia otro, en el cual, éste muchas veces indefenso, provocan catástrofes ecológicas, como la extinción de especies. A tanto, que uno de los objetivos de la declaración de áreas protegidas era precisamente para mantener ecosistemas y hábitats incólumes y a salvo. Era, porque ya ni ahí las especies nativas, endémicas y en categorías de conservación se encuentran a salvo. De hecho, es conocida la existencia de jabalíes, ciervo rojo, visones y salmónidos hasta en varios parques nacionales y también la existencia de centros de engorda de salmones. Alguno de ellos nada menos que en un sector denominado "Huillines" (sp en peligro). ¿Uds. creen que esos huillines están muy contentos ahí, si es que existen aún? ¿Uds. creen que esa empresa va a informar de huillines atrapados en las redes de las jaulas? Ahí mismo, ya van dos ballenas, también en peligro, muertas con muestras de intervención antrópica. Adivinen que dice la empresa invasora del Parque Nacional al respecto.
La cuestión es que los europeos llegaron a Chile trayendo consigo varias de esas especies que hoy son parte del paisaje, como álamos, gorriones, liebres y ratas. Y años después hubo toda una fiebre por traer otras más, muchas veces con la mejor intención, como los pinos para contener la erosión o las truchas y ciervos como objeto deportivo. En esa época no se contaba con los conocimientos de hoy sobre las consecuencias. Tampoco había mucho conocimiento sobre las especies nativas. E incluso hoy, muchas veces conociéndose estas, siguen prevaleciendo fines económicos. El ejemplo de las truchas y salmones asilvestrados es interesante; hay todo un mercado de alta gama que las sigue de un lado a otro del planeta, indistintamente de donde se encuentren ¡y hasta cuentan con vedas para que puedan seguir multiplicándose! En eso desaparecen los peces nativos, que bien podrían haber sido (tal vez aún lo podrían ser) un objetivo de esa pesca deportiva. Otro ejemplo, es el de los visones criados para peletería y que hoy arrasan con todo ¿alguno de quienes, empresarios e institucionalidad, responsables de este desastre se han hecho cargo y compensan los daños producidos? ¿Esa institucionalidad responsable siquiera hizo algo y hace hoy algo para revertir la situación? Lo mismo vale para tantas otras introducciones irresponsables, como hace no mucho la del Bombus terrestris (abejorro europeo), que tiene en franca extinción al abejorro o moscardón nativo. ¿Y qué hay de la rosa mosqueta, que alguien trajo desde Europa y acá se expandió feliz, mientras la institucionalidad ha sido incapaz de darle solución o uso productivo? Así, suma y sigue.
Y esto de menospreciar lo existente o nativo, versus lo que venía de fuera y que en su momento debe haber traído recuerdos de la madre patria de donde provenían, es toda una actitud que también valía y por desgracia aun vale para cuando les conviene, incluso con los habitantes originarios. Es cosa de ver como atacan la ley Lafkenche. Si no hay problema en ningunearlos a ellos ("indios"), menos los hay con animalitos y plantitas, y si ni siquiera se ven porque están bajo el agua, menos aún. Para qué hablar del microcosmos, insectos, gusanos, bacterias y otros aún menos visibles en un mundo en que lo único que parece valer son los intereses económicos de algunos.




















