Redacción, Diario El Divisadero
Esta semana y aquejada por una delicada enfermedad, falleció la madre Celia Arroyo García, religiosa de las Siervas de San José, quien por varias décadas estuvo en distintos puntos de la región de Aysén. Particularmente llevó a cabo una destacada labor de empoderar a la mujer trabajadora y dueña de casa, para que sea reconocida y respetada en su rol y aporte a la comunidad.
Gabriel González Avendaño, coordinador de espiritualidad del colegio Sagrada Familia, junto con lamentar el deceso de madre Celia, destacó su gran aporte en el territorio y también en el establecimiento donde tuvo activa participación.
"Partió al encuentro con el señor, madre Celia Arroyo y nuestra comunidad educativa, nuestra familia Josefina, con sentimientos muy encontrados. La tristeza de la partida de ella, sobre todo quienes la conocimos por varios años aquí trabajando en el colegio y también la alegría como creyentes católicos de que ella ya está junto al Señor. Madre Celia estuvo hace años atrás con una misión muy importante que era fortalecer, promocionar, dignificar a la mujer trabajadora, a la mujer dueña de casa, frente a una mirada machista de la sociedad donde ella logró que se empoderaran de su función como mujer, para tener la alegría y la felicidad de sentirse mujer y mujeres valiosas aportando a la comunidad".
Durante estos días, en el acceso principal al colegio Sagrada Familia, se mantiene un libro de condolencias abierto a la comunidad, a quien quiera dejar un mensaje, un recuerdo, tras la partida de madre Celia Arroyo, añadió Gabriel González. "Un libro de condolencia que va a estar acá en recepción de nuestro colegio para todos y todas aquellas personas que quieran venir a manifestar sus condolencias a la Sierva de San José que desde el año 1957 nos acompañan y nos evangelizan frente a lo que es la Sagrada Familia, como un modelo a seguir, nuestro carisma josefino".
Celia Arroyo García, Sierva de San José, definida por quienes la conocieron y pudieron compartir con ella como alguien muy versátil, creativa, inesperada. Como así también desde el punto de vista espiritual fue evangelizadora y misionera incansable.
Nació en Salamanca, España, el 21 de marzo de 1936, un año difícil, fin de la guerra civil española. Eran tiempos de esperanza, tiempos mejores, donde reconstruir relaciones, familias era fundamental. Así Celia trae alegría y creatividad a su familia. Siempre compartía el cariño que existía al interior de su hogar. Su madre, maestra, su padre funcionario de correos de España. Tuvo 3 hermanos y dos hermanas, unidas por la fe y el servicio a través de la educación.
Celia siempre destacó por su don artístico, escucharla cantar era un gozo, y una herramienta en su apostolado.
Su formación familiar le llevó a plantearse la vida religiosa. Su madre le hablaba con mucho cariño de las religiosas que la educaron, las Siervas de San José. Esto, quizás la impulsó a buscarlas cuando sintió el llamado de Dios en su vida. Ingresó a los 21 años a la Congregación, con la carrera de maestra de enseñanza primaria. Siempre recordaba a sus alumnos de párvulo. Pero su vocación se profundizó al saber que era destinada por la Congregación a una nueva fundación, Chile. Su corazón anhelaba este destino. Quizás intuía que estás tierras serían su segunda patria.
Llegó a Chile en el año 1964, desde España hasta Puerto Aysén, a la primera comunidad. Aquí se desempeñó como educadora y catequista. Luego es destinada a Chile Chico, desde donde recorrió el Lago General Carrera fundando numerosas comunidades eclesiales. En cada lugar dejó su huella. Llenó los espacios de oración y trabajo. Llevó a la región de Aysén los grupos de renovación carismática, la evangelización sencilla y humilde, del Carisma Josefino, la fraternidad a nuestras Comunidades-Taller, la alegría, creatividad, entrega y cariño, mostrando con su vida a Jesús cercano y compañero de camino.



















