Colaborador, Colaboradora
Todas las mañanas, al dejar a mi hija en la escuela, me voy con una tranquilidad que agradezco: saber que hay personas que la reciben, la conocen y están pendientes de ella. Como padre, eso no tiene precio. Uno entrega lo más querido que tiene y espera que, además de aprender, sus hijos sean tratados con cariño.
Por eso, en el Día de las y los Asistentes de la Educación, quiero dedicar estas breves pero significativas palabras a quienes trabajan en la Escuela Pedro Quintana Mansilla. Lo hago como apoderado, desde el agradecimiento por una labor que acompaña la vida de nuestros niños, aunque muchas veces no alcancemos a ver todo lo que significa.
Las familias solemos conocer una parte del día escolar. Dejamos a nuestros hijos, preguntamos cómo les fue y escuchamos alguna historia al regresar a casa. Entre la entrada y la salida pasan muchas cosas. Hay alegrías, discusiones, rodillas raspadas, prendas perdidas y también penas que no siempre encuentran palabras. En esos momentos, su presencia marca una profunda diferencia.
Pienso esa cálida sonrisa y abrazo de cada mañana en la entrada, especialmente cuando cuesta despedirse. En quien ayuda a ordenar una mochila o escucha a un niño triste durante el recreo. En quien se acerca al verlo llorar y pregunta qué ocurrió. Son gestos sencillos, pero hacen una tremenda diferencia al hablar de formación y aprendizaje escolar. Cuando encuentran cariño y atención, aprenden que merecen ser escuchados. Esa experiencia los acompaña mucho más allá de una clase.
También pienso en quienes apoyan a los profesores en el aula, mantienen limpios los espacios, colaboran desde una oficina o se preocupan de que la escuela funcione cada día. A veces conocemos sus nombres solo por correo; otras veces nos falta detenernos a preguntar. Sin embargo, detrás de cada tarea hay una persona que pone tiempo, esfuerzo y cuidado al servicio de nuestros hijos.
Como apoderados, tenemos que corresponder a ese trabajo. Saludar, agradecer, escuchar y colaborar son formas de hacerlo. También enseñar a nuestros hijos a valorar a todas las personas de su escuela. El reconocimiento que hoy expresamos debiera sentirse durante todo el año.
A las y los asistentes de la Escuela Pedro Quintana Mansilla: gracias por recibir a nuestros niños y niñas, por acompañarlos y por cuidar de ellos cuando nosotros no estamos. Gracias por su paciencia y por ese cariño que se expresa en acciones concretas.
Tal vez ustedes no sepan cuánto significa para una familia escuchar a su hijo decir que alguien lo ayudó cuando estaba triste. Por eso quería escribirles hoy. Porque detrás de nuestra tranquilidad también está su gran trabajo. Y porque el corazón de una escuela late con ustedes cada mañana.




















