Editorial, Redacción Nuestra región de Aysén se encuentra en un punto de inflexión en que la infraestructura pública no es solo una cuestión de cemento y asfalto, sino el motor de su soberanía y supervivencia. El traspaso de mando entre la administración saliente de Jessica López y el futuro ministerio encabezado por Martín Arrau debe entenderse como una posta institucional, un camino continuo donde la urgencia de los habitantes no permite pausas ni mezquindades políticas.
El próximo gobierno recibe una herencia de proyectos significativos, pero también el desafío de superar el ritmo histórico de avance. Mientras la actual administración destaca haber duplicado la capacidad de pavimentación de la Ruta 7, dejando 80 kilómetros en desarrollo o por iniciarse, el Plan Nacional de Zonas Extremas (PNZE) proyecta inversiones por 400 mil millones de pesos para esta vía troncal. Sin embargo, el sentimiento local es de una necesidad constante que se siente con la misma urgencia de hace décadas.
La prueba de fuego inmediata será la reparación del Puente Presidente Ibáñez. Con un tensor roto y restricciones de carga que afectan la vida diaria en Puerto Aysén, la respuesta debe ser decidida. Mientras la actual ministra López reveló que las reparaciones están incluidas en el PNZE con una inversión cercana a los 10.000 millones de pesos, eEl futuro ministro Arrau ha comprometido revisar las medidas en sus primeros 15 días de gestión, enfatizando que es "urgente dar tranquilidad". Esta actitud de actuar con rapidez es lo que la comunidad demanda: autoridades que, como solicitó el alcalde Luis Martínez, salgan a terreno y escuchen de primera fuente la magnitud de los problemas.
Escuchar a la comunidad local parece un eslogan, pero debe ir más allá: es una necesidad técnica y social. Los transportistas han sido claros en exigir una conectividad terrestre real, el concepto de "Chile por Chile", priorizando la finalización de la Ruta 7 por sobre otras alternativas.
El desafío es enorme debido a factores estructurales: altos costos, clima adverso y escasez de mano de obra especializada. Por ello, el nuevo gobierno debe tomar la posta de proyectos críticos como la nueva barcaza para el lago General Carrera y la modernización del Aeropuerto Balmaceda, pero imprimiendo un sello de decisión y cercanía. La conectividad de Aysén no puede esperar a que los ciclos políticos se acomoden; requiere una voluntad de Estado que trascienda colores y se centre en el bienestar de quienes hacen patria en el sur austral.





















