Editorial, Redacción El próximo 2 de febrero se conmemora el Día Mundial de los Humedales, una fecha que en nuestra región no puede limitarse al saludo protocolar o a la efeméride de calendario. Para Aysén, hablar de humedales y turberas es hablar de supervivencia, seguridad hídrica y futuro. Sin embargo, pese a habitar un territorio que, como bien se reconoce, está "colmado de este tipo de ecosistemas", persiste una desconexión alarmante entre la ciudadanía, las políticas públicas y la vital importancia de estos entornos.
La región concentra aproximadamente 15.240 hectáreas de turberas con presencia de Sphagnum magellanicum, el conocido musgo pompón, distribuidas mayoritariamente en las provincias de Aysén y Capitán Prat. No obstante, la abundancia ha jugado en contra de su valoración; a menudo miramos estos ecosistemas como terrenos baldíos o meras fuentes de extracción, ignorando su función crítica. Como esponjas naturales, estos ecosistemas almacenan agua en lluvias para liberarla en sequías, atenúan inundaciones y depuran el agua reteniendo sedimentos e inmovilizando metales pesados. En un contexto de crisis climática global, destruir una turbera es sabotear nuestra propia resiliencia.
Es valorable que desde la sociedad civil surjan iniciativas educativas, como la charla magistral "Turberas en Aysén: ¿Por qué importan?", liderada por la oceanógrafa Romanet Seguel-Rojas Manquez. Que una actividad gratuita deba explicar aún "qué son y por qué importan" es sintomático de una deuda educativa y estatal. Mientras la norma de humedales urbanos avanza en definiciones técnicas, la protección efectiva en terreno sigue enfrentando desafíos monumentales.
No basta con saber que las turberas capturan carbono o que son hábitat para la biodiversidad; es imperativo entender que estos ecosistemas sostienen el consumo humano y las actividades productivas. Proteger las turberas no es un lujo ambientalista, es una necesidad estratégica para el desarrollo de Aysén. O aprendemos a cuidarlas hoy, o lamentaremos su pérdida cuando el agua nos falte.






















