Francisco Mardones Pino, Periodista
Hace nueve meses, el profesor de música Jorge Navarro estaba preparando un viaje a Santiago con 20 alumnos del Liceo de Islas Huichas, luego de ganar un concurso para asistir a un concierto de Los Jaivas en el Estadio Nacional. Todo un acontecimiento para la isla y una experiencia inolvidable para los niños.
Producto de esa misma experiencia educativa, Navarro postuló al Global Teacher Prize Chile 2026 Categoría Educación Musical y hoy está entre los semifinalistas del premio que reconoce a docentes que "demuestran un alto dominio de la disciplina y su enseñanza, emplean prácticas pedagógicas innovadoras y eficaces, y comprenden la manera de enseñar música según el contexto educativo en el que se encuentran", según señala el sitio de internet del premio.
El próximo martes de 29 septiembre se conocerán los nombres de los finalistas en la versión chilena del llamado "Nobel de la Enseñanza", pero Jorge Navarro ya se siente ganador destacando su "visión de la educación musical, de cómo se puede articular y cómo se pueden romper barreras de lo más imposible, así como sucedió en Islas Huichas".
El docente recuerda que salió de su natal Melipilla a la región de Aysén "buscando vincular la música, brindando experiencias musicales, no importa el territorio que fuese. Lo he abordado en toda mi carrera profesional. He tenido experiencia llevando a niños a Lollapalooza, he tenido experiencia en salidas pedagógicas musicales, conciertos, circulación también con los niños en los talleres. Siento que hay algo que comunicar".
Dejar atrás Islas Huichas
Su ascenso en el Global Teacher Prize Chile 2026 lo encuentra en un buen momento, luego de quedarse sin trabajo en Islas Huichas, pese a su buen desempeño docente y la experiencia que logró transmitir a la comunidad educativa.
"Era lo que me hacía falta, porque la no renovación de contrato en Islas Huichas igual fue penoso, porque los apoderados me querían ahí, me llevaba bien con los colegas. Entonces vas cumpliendo cierta etapa. Haces cosas que son bonitas, buenas para la comunidad, que van con tu lema, tu propósito de romper barreras de lo imposible a través de la música, y se truncan por decisiones que están fuera de tu lógica y de tu gestión", reflexiona.
Jorge lamenta que el proceso se haya truncado y que en la dirección del establecimiento no haya existido la visión para aceptar nuevas formas de impartir educación. "Lamentablemente en entornos educativos, en entornos laborales, quizás las personas que son más proactivas o tienen mayor capacidad de mover comunidades, o de hacer algo, que sean auténticas, pueden generar cierta amenaza. La gente quiere solamente estar en el status quo", señala.
El profesor asegura que "no hay antecedentes de malas prácticas, no hay antecedentes de por qué me desvinculan. (…) yo no sé qué error pude haber cometido más que querer difundir el trabajo de la educación artística en contextos insulares. Igual cuando uno crea contenido y cuando uno crea una marca personal también genera muchos detractores. Y en educación, y sobre todo las personas que son más viejas en educación, tienen una mirada negativa de la creación de contenido. Todavía no está culturalmente abordado que la creación de contenido sí puede ser un buen espacio para la divulgación académica".
Para Jorge Navarro, regresar a casa después de una experiencia tan potente como trabajar con buenos resultados en un lugar aislado de Aysén fue un golpe duro. "Volví al Melipilla como si fuera una derrota. Llego a un colegio, con poquitas horas, sin reconocimiento después de todo lo grandioso. Hay que volver a crear lazos con la comunidad educativa, con los estudiantes. Es triste. Pero cuando vas quemando estas etapas y vas viendo que dentro de lo que tú estás postulando a cosas importantes te están considerando por tus capacidades, es como el power up que uno necesita para decir 'ya vamos para adelante' y estar anímicamente bien y seguir y decir 'lo que estoy haciendo no está mal'", comenta.
Planes para regresar
Hoy Jorge prefiere centrarse en el futuro que, paradójicamente, lo traerá de vuelta a Islas Huichas gracias a un Fondo de Cultura que se adjudicó y una Beca Crea Chile en la que se está perfeccionando en nuevas formas de producir música.
Su proyecto es realizar un taller de música electrónica en la isla y el primer festival de música electrónica en la Patagonia con niños durante el próximo verano.
"Esa parte va a estar muy interesante porque voy a ir con un colega mío que es ingeniero de sonido y con mi pareja que fue inspectora en el Liceo de Islas Huichas y también fue desvinculada. Tenemos que volver, reencontrarnos con nuestros estudiantes, nuestros apoderados, para poder hacer un ciclo de talleres de DJ, para darle herramientas a los chicos para que puedan crear y mezclar música. Tenemos que ir también a componer canciones con ellos, crear cuatro canciones. Tenemos que hacer encuentros, tenemos que hacer mucho. Yo creo que vamos a estar dos semanas", explica el docente.
¿Por qué eligió nuevamente Islas Huichas para un proyecto como este? Según nos cuenta, su objetivo es llevar "herramientas de innovación musical, enseñar nuevas tecnologías de producción musical a los estudiantes de la isla. Y así pueden tener otra vista, a ver si utilizan la música para algo como desarrollo de la vida, pero que esté ahí, que no tan solo las actividades de extracción y producción sean las opciones que hay en la isla, que no sea siempre eso, que pueden haber otras posibilidades".
Su idea es que este sea la base de un documental que cuente su historia de educación musical con niños en sectores extremos y que eso le sirva como programa piloto para realizar giras "en todo Chile en pos de ir a escuelas que no tengan profesor de música, hacer clases, divulgar las necesidades y las problemáticas de la educación, del por qué no hay profesores de música".
Jorge no esconde su más grande ambición: "Dar una bofetada a todo el mundo diciéndole, 'oye, la música puede cambiar realidades'".






















