Redacción, Diario El Divisadero
Este miércoles se concretó oficialmente el cambio de mando en el que José Antonio Kast asumió la presidencia de Chile, sellando el fin de la administración de Gabriel Boric y el inicio de un mandato de extrema derecha. En una solemne ceremonia celebrada en el Salón de Honor del Congreso Nacional en Valparaíso, el mandatario saliente hizo entrega de la tradicional piocha de O'Higgins, símbolo del traspaso del poder Ejecutivo, mientras que la presidenta de la Cámara Alta, la conservadora Paulina Núñez, fue la encargada de imponer la banda presidencial al nuevo jefe de Estado. Con 60 años, el exdiputado se convierte así en el primer presidente de ultraderecha en llegar al poder desde el retorno a la democracia en 1990.
La instalación de esta nueva administración se estructura bajo el diseño discursivo y político de un "Gobierno de emergencia", un concepto que Kast ha instalado como eje central desde su victoria en la segunda vuelta presidencial de diciembre de 2025. Según sus propias palabras pronunciadas minutos antes de asumir, "las cosas van a cambiar", asegurando que el aparato estatal se concentrará estrictamente en la seguridad pública, la migración irregular y la crisis económica.
No obstante, la viabilidad de esta declarada urgencia ejecutiva se enfrenta a un escrutinio inmediato debido a la composición de su equipo de gobierno. Tras la fotografía oficial en la residencia de Cerro Castillo, Kast oficializó un gabinete de 24 ministros que destaca por su falta de trayectoria política previa, estando integrado mayoritariamente por perfiles provenientes de la academia y el sector privado. El núcleo duro que deberá articular este estado de emergencia recae sobre figuras como el economista de corte ultraliberal Jorge Quiroz en la cartera de Hacienda, la exfiscal Trinidad Steinert en Seguridad Pública y el exparlamentario Claudio Alvarado en Interior.
Este modelo de gestión basado en la urgencia también busca permear a nivel regional. En la región de Aysén, la nueva Delegada Presidencial, Luz María Vicuña, asumió su cargo exigiendo celeridad ante la crisis de seguridad y económica, demandando aplicar "menos simbolismos y más acciones" para recuperar la institucionalidad mediante una coordinación inmediata con el Gobierno Regional. Esta retórica operativa se apoya en el contundente respaldo del 59,93% de los votos obtenidos por el oficialismo en esa zona durante las elecciones.
A nivel internacional, el drástico giro político del país quedó en evidencia por la red de alianzas presente en la investidura. La ceremonia congregó a una docena de jefes de Estado y de Gobierno, destacando la asistencia del rey Felipe VI de España y de líderes de la región como Javier Milei (Argentina), Daniel Noboa (Ecuador), Rodrigo Chaves (Costa Rica), José Raúl Mulino (Panamá), Santiago Peña (Paraguay) y Yamandú Orsi (Uruguay), además de la líder opositora venezolana María Corina Machado.
En el plano interno, el principal obstáculo para Kast será su extrema fragilidad legislativa. Para intentar dotar de mayor transversalidad a su figura, el mandatario se vio obligado a renunciar este mismo miércoles a su militancia en el Partido Republicano, la misma formación que fundó. Apoyado ahora por dicho partido y por la derecha tradicional, el nuevo presidente se verá forzado a lidiar con un Parlamento profundamente dividido y sin mayorías claras, un escenario que someterá a máxima tensión su capacidad de negociación.
Tras la ceremonia, su agenda inaugural contempla una visita al liceo público Augusto D'Halmar en Ñuñoa, para luego dirigirse al Palacio de La Moneda, donde deberá contar ante la nación cómo pretende concretar sus compromisos en la eventualidad.





















