Editorial, Redacción Nuestra región atraviesa un momento crucial en su desarrollo urbano, donde la conectividad se ha transformado en el principal termómetro de la calidad de vida de sus habitantes. Tanto en Coyhaique como en Puerto Aysén, la infraestructura vial y el transporte público no son solo temas de ingeniería, sino urgencias sociales que hoy presentan un panorama de contrastes entre obras largamente esperadas y una congestión que amenaza el ritmo diario de la comunidad.
En la capital regional, el acceso norte simboliza esta ambivalencia. La reciente apertura provisoria del nuevo puente y la rotonda trajo un alivio tras años de paralización de las obras. Sin embargo, la fragilidad del sistema es evidente: cierres parciales programados para reparaciones de losas con fisuras y trabajos de empalme continúan generando desvíos por el Bypass y calle Ejército. Estos trabajos, aunque necesarios por el "bien común", ralentizan los desplazamientos y ponen a prueba la paciencia de los conductores. A esto se suma la situación del puente Piedra del Indio, cuya reapertura es vital para sectores rurales como Panguilemu y El Claro, pero que depende críticamente del respeto a los límites de peso y altura por parte de los usuarios para evitar nuevos colapsos.
Por otro lado, Puerto Aysén enfrenta su propia crisis de movilidad. La contingencia del puente Presidente Ibáñez, afectado por el corte de un tensor, ha obligado a imponer restricciones de tránsito para vehículos de más de 5 toneladas. Esta situación ha generado una preocupación constante por el "súper lunes" vial y el inicio del año escolar, obligando a las autoridades a implementar medidas paliativas como el cambio en los tiempos de semáforos, el apagado de otros y la priorización de calles como Carrera para agilizar el flujo hacia la Ribera Sur. Aunque se han iniciado procesos de licitación para reparaciones de emergencia, la comunidad debe convivir con un sistema de tránsito ralentizado y la necesidad de "planificar los viajes" con antelación.
El transporte público es, quizás, el punto de mayor deuda histórica. Con un parque automotriz colapsado y tarifas de colectivos que alcanzan los $1.000, la capital regional ha carecido de un sistema formal y eficiente. La esperanza se concentra ahora en el proyecto de buses eléctricos proyectado para 2027. Este plan contempla 37 buses con accesibilidad universal y recorridos diseñados junto a la comunidad que unirán sectores urbanos y rurales, como Villa Frei y el aeródromo Teniente Vidal.
La conclusión es clara: la conectividad en la región no puede depender de soluciones provisorias o contratos detenidos. Se requiere de una coordinación técnica robusta entre el Ministerio de Obras Públicas, Transporte y los municipios. Solo mediante la concreción de infraestructuras definitivas —como la iluminación del Bypass o la nueva rotonda en el acceso a Puerto Aysén— y la modernización real del transporte, podremos superar el actual colapso vial.





















