Jessica Igor Chacano, Periodista y magíster en Relaciones Internacionales
La semana pasada estuvo de visita en Santiago el presidente argentino, Javier Milei, y aunque fue una visita relámpago, dejó muchas preguntas abiertas con respecto a las relaciones bilaterales entre Chile y Argentina.
La idea primigenia de Milei era conversar con el presidente José Antonio Kast para solicitarle su apoyo oficial en la cuestión sobre las Islas Malvinas, y la histórica reivindicación sostenida por el pueblo argentino con respecto a la ocupación británica en esos territorios australes y el espacio marítimo que lo rodea.
En el breve encuentro, Kast ratificó su apoyo sobre los legítimos derechos soberanos de Argentina sobre el archipiélago, sin embargo, también aprovechó para recordarle a Milei que Chile tiene la soberanía total sobre el Estrecho de Magallanes y que "Argentina no tiene ni tendrá jamás soberanía ni control" sobre ese punto estratégico. El roce diplomático se generó tras las polémicas declaraciones de un jefe de la aviación argentina, quien afirmó que "Magallanes y el Paso Drake eran llaves bioceánicas que el país trasandino debía explotar".
Pero hay que preguntarse ¿cuál es el origen del inusitado interés patriótico del presidente argentino por la reivindicación de las Malvinas, siendo que en su campaña por la Presidencia y hasta hace poco tiempo era un ferviente admirador de Margaret Thatcher y además reconocía la autodeterminación de los kelpers en las islas? Bueno todo esto comenzó cuando el mandatario estadounidense, Donald Trump dijo que la Casa Blanca iba a revisar su histórico apoyo al Reino Unido con respecto a las Malvinas. Pero si hilamos más fino, esto sería más como un ajuste de cuentas por el nulo apoyo británico en el conflicto con Irán por el estrecho de Ormuz.
Por otro lado, el gobierno británico puso en marcha un importante proyecto petrolífero —Sea Lion- en la zona norte del archipiélago malvinense, el cual tendría una alta rentabilidad económica, lo cual despertó las ambiciones de todos los involucrados, incluso del mismo Trump que no tiene arte ni parte —se supone- en la disputa territorial, más allá del apoyo diplomático a uno u otro estado.
La importancia geopolítica para el país del norte sobre estos territorios, también forma parte de una estrategia política para mitigar la gran crisis interna de la cual Trump no ha podido salir y que incluso le ha llevado a los niveles más bajos de aprobación popular, o sea su imagen está por el suelo por una pésima administración y tiene que repararlo. Lo mismo sucede del otro lado de la cordillera, ya que las cosas no han salido del todo bien.
Esto no es ningún secreto, ya que el mundo entero ha sido testigo del fracaso de Trump en sus intentos por apropiarse de territorios con un alto valor estratégico y comercial, sin obtener resultados. Primero quiso ir por el canal de Panamá, después por Groenlandia, después fue por el estrecho de Ormuz, y ahora pone los ojos sobre las Malvinas y, por qué no, en Magallanes.
Hay que estar atentos, prestar atención y proteger nuestro territorio. El Cono Sur y particularmente la Patagonia, tienen un valor geopolítico que a veces nos cuesta dimensionar por estar inmersos en ellos. Han pasado casi doscientos años, desde que un prócer de la independencia nombraba a Magallanes en su último aliento, por algo sería.























