Rosa Pesutic Vukasovic, Secretaria de Finanzas Regional Aysén del Partido Comunista de Chile
El presidente republicano creyó que no había nada más representativo de su gobierno plutocrático que invitar a sus ex compañeros de universidad a una comida en los salones de palacio. No pasará de ser una falta administrativa, pero para la mayoría de las y los chilenos este hecho debería ser una señal clara de quién está gobernando y para quién.
¡Qué contraste con la actitud del presidente Salvador Allende, quien durante los 3 años de su Gobierno abrió el palacio presidencial de Cerro Castillo, en Viña del Mar, a los niños de los sectores más vulnerables de diversas partes del país! Las llamó "colonias de verano" y estaban dentro de la política de Justicia social que impulsó durante su mandato.
Uno está gobernando para el 1% más rico del país. El otro gobernaba para todos los chilenos, con un enfoque en la redistribución y apoyo a los sectores más vulnerables.
La divina comida (que al parecer no fue tan divina) y que reunió a sus amigas y amigos (algunos ni tan amigos, puesto que no son defensores de la dictadura de Pinochet, como Kast), nos muestra a un presidente tan alejado del Chile real que parece de otro país.
Su discurso de "gobierno de emergencia" y "reconstrucción del país" es una falacia tan grande como todas las promesas que hizo en campaña. Falacias por dos razones fundamentales: en primer lugar, porque nunca tuvo la intención de solucionar las "emergencias" del país, y en segundo lugar, porque las emergencias nombradas por Kast fueron ideadas para solucionar los problemas de la clase que domina, vale decir, los dueños del capital.
Las emergencias que definió Kast eran la migración, la delincuencia, las fronteras abiertas. ¿Dónde están las medidas para solucionar aquello?
El paquete de medidas anunciadas por el Gobierno son la eliminación de impuestos a las ganancias de capital, flexibilidad en leyes ambientales para las empresas extractivas, la rebaja de la tasa corporativa. Todas estas medidas favorecen a los más ricos, no van en la línea de un gobierno de "emergencia". A esto hay que sumarle el recorte fiscal a todos los ministerios, incluyendo a los de salud, educación, vivienda, seguridad (aunque tuvo que revertir dicha medida con este último); ajuste a la gratuidad universitaria, la no utilización del MEPCO para estabilizar el precio de los combustibles y otras medidas que afectan a la clase trabajadora.
Resumiendo, la famosa "reconstrucción" la pagaremos los trabajadores, los jubilados, los estudiantes, en fin, la clase trabajadora.
Las verdaderas emergencias en nuestro país son el déficit habitacional, las largas listas de espera para atención en salud, las miserables pensiones de las y los jubilados, las zonas de sacrificio que privilegian las ganancias del gran capital por sobre la salud de sus habitantes, la desigualdad de ingresos y oportunidades (según la OCDE, Chile es uno de los países con mayor desigualdad, donde el 1% más rico acumula casi el 50% de la riqueza del país).
Esas reales emergencias no se combaten liberando a los más ricos de pagar impuestos, se enfrentan con, entre otras medidas, acciones que eviten la evasión y elusión de impuestos, pagando en Chile lo que corresponde y no trasladando su capital a paraísos fiscales.
La divina comida de Kast puede transformarse en la divina comedia de Dante, con viaje al purgatorio, al infierno y todos los castigos. Este Gobierno no está libre de aquello.




















