Editorial, Redacción El 0,6% de IPC registrado en agosto no fue una buena noticia para la economía nacional. La cifra estuvo por sobre las expectativas y volvió a abrir preguntas respecto del verdadero momento que atraviesa el país. A eso se suma un desempleo que se mantiene en 9,5%, mientras la informalidad continúa siendo un problema y miles de chilenos y chilenas siguen enfrentando dificultades para encontrar un trabajo.
En medio de este escenario, es justo reconocer la puesta en marcha de programas destinados a apoyar la actividad económica. En Aysén, por ejemplo, comenzó a ejecutarse Reactívate de Sercotec, financiado por el Gobierno Regional, y recientemente se anunció Capital Semilla Modo Empleo.
Son iniciativas necesarias, porque entregan apoyo concreto a emprendedores y pequeñas empresas. Pero también es legítimo preguntarse si alcanzan para enfrentar un escenario económico que exige bastante más. Por ahora, estos instrumentos corren el riesgo de convertirse en esfuerzos aislados frente a una necesidad mucho mayor: generar actividad, inversión y empleo de manera sostenida.
El último trimestre del año será clave. La temporada alta de turismo puede aportar nuevos puestos de trabajo y dinamizar parte de la economía regional, pero Aysén no puede depender únicamente de ese ciclo. También necesita que la inversión pública avance y que proyectos largamente esperados comiencen a traducirse en movimiento económico y oportunidades laborales.
La pavimentación de distintos tramos de la Carretera Austral es un ejemplo concreto. Además de mejorar la conectividad, una obra de esta magnitud puede generar empleo y activar una cadena de proveedores y servicios locales. La inversión pública, en una región con las características de Aysén, tiene capacidad para mover mucho más que una obra específica.
Al mismo tiempo, es necesario que la matriz productiva regional esté a la altura de las circunstancias. Ganadería, agricultura, turismo, acuicultura, servicios y emprendimientos requieren condiciones que les permitan crecer, invertir y contratar. No se trata de esperar una solución desde un solo sector, sino de generar un escenario donde distintas actividades puedan aportar simultáneamente a la recuperación.
Porque más allá de las cifras nacionales, lo que importa finalmente es cómo esas cifras se sienten en los hogares y en las empresas de Aysén. Y hoy vuelve a instalarse un sentimiento de incertidumbre que no podemos ignorar.
Se necesitan señales más fuertes y, sobre todo, resultados. Reactivar una economía no ocurre de un día para otro, pero sí requiere decisiones capaces de mover la aguja de manera sostenida. El desafío es que los próximos meses permitan recuperar no solo la actividad, sino también algo que resulta igualmente importante: la confianza en que vienen tiempos mejores.






















