Editorial, Redacción La aprobación del Presidente José Antonio Kast atraviesa su momento más bajo desde que llegó a La Moneda. Las últimas mediciones de Pulso Ciudadano y Cadem muestran un deterioro significativo de la evaluación ciudadana. La controversia por las rebajas de condenas y la continuidad del ministro de Justicia, Fernando Rabat, profundizaron un escenario que ya mostraba señales de desgaste. Pero reducir el problema del Gobierno a una sola polémica sería mirar solo una parte de lo que ocurre.
La ciudadanía también espera respuestas en materias que inciden directamente en su vida cotidiana: reactivación económica, empleo y oportunidades. En esos ámbitos, los anuncios y las explicaciones no son suficientes. Se necesitan medidas que se traduzcan en actividad, inversión y puestos de trabajo. Cuando esos resultados no se perciben, la distancia entre las expectativas y la gestión comienza a crecer.
La responsabilidad de gobernar no se agota en La Moneda. Ministros, subsecretarios, seremis y directores de servicios deben llevar las prioridades del Ejecutivo a cada territorio. Y esa tarea exige algo más que repetir los lineamientos nacionales: requiere conocer la realidad regional, coordinar los servicios y convertir las definiciones políticas en respuestas concretas.
En Aysén, el equipo regional ha mostrado mayor cohesión y una coordinación que se ha afirmado con el paso de los meses. Varios de sus integrantes asumieron por primera vez responsabilidades en el sector público y han debido familiarizarse con el funcionamiento del Estado. Es justo reconocer ese proceso, pero la ciudadanía no evalúa solamente la disposición o el discurso de las autoridades. Espera ver qué cambia, qué se resuelve y qué oportunidades se generan en su entorno.
Por eso, el desafío para las autoridades regionales es relevante. La situación nacional no puede convertirse en una explicación permanente para postergar las tareas locales. Aysén tiene brechas, necesidades y proyectos que requieren continuidad, independientemente de las dificultades políticas que enfrente el Gobierno. La gestión regional debe sostener su propio ritmo y demostrar que las prioridades anunciadas tienen expresión en el territorio.
Los momentos complejos ponen a prueba a los equipos y su capacidad de gobernar. El Ejecutivo necesita recuperar la confianza, pero eso no se logra solo controlando la agenda de contingencia ni multiplicando declaraciones. Se logra con coordinación, decisiones oportunas y resultados verificables. La ciudadanía puede comprender que existan dificultades; lo que difícilmente aceptará es que las polémicas desplacen las responsabilidades de gestión. Gobernar es hacerse cargo de ambas cosas.





















