Editorial, Redacción Durante mucho tiempo se ha instalado la idea de que la innovación ocurre en Santiago y que las regiones deben seguir ese camino. Esa mirada desconoce las particularidades de cada territorio y puede llevarnos a evaluar nuestros emprendimientos con criterios que no responden a su realidad. Aysén tiene desafíos propios y necesita soluciones pertinentes a sus condiciones.
Innovar no significa necesariamente inventar algo que nunca ha existido ni desarrollar tecnología de última generación. También es encontrar nuevas formas de producir, agregar valor a los recursos disponibles, resolver problemas concretos y abrir oportunidades. Lo que en una gran ciudad puede ser una solución conocida, en una región extrema puede representar una transformación productiva.
Desde esa perspectiva, la existencia del Comité de Desarrollo Productivo Regional tiene un sentido concreto: permitir que las decisiones sobre innovación, emprendimiento y fomento productivo consideren las necesidades y oportunidades del territorio. Descentralizar no es solo transferir recursos o atribuciones; también es reconocer que cada región debe definir sus prioridades y construir sus propias respuestas.
En Aysén hay ejemplos de ese potencial. Empresas como Australox, Makus, TrazoSur, Biolana, Lanarq, Aysén Recicla, Aguadal, Kawesqar y Tepaluma surgieron de ideas que buscan responder a desafíos locales, agregar valor y abrir espacios de desarrollo. Son iniciativas distintas, pero demuestran que es posible innovar desde la región, sin esperar que las soluciones lleguen diseñadas desde otros lugares.
Reconocer el valor de la innovación regional también obliga a mirar las brechas dentro de Aysén. Las oportunidades de acceso al financiamiento y al acompañamiento productivo no son iguales en todas las comunas. Coyhaique y Puerto Aysén concentran buena parte de la oferta, mientras las localidades más alejadas enfrentan mayores dificultades. Una política de desarrollo productivo con enfoque territorial debe hacerse cargo de esa desigualdad y procurar que una buena idea pueda crecer en Chile Chico, Cochrane, Cisnes, Tortel o Villa O'Higgins, tanto como en la capital regional.
El desafío no es competir con Santiago ni medir nuestro avance según cuánto nos parecemos a otros territorios. Es evaluar cuánto hemos crecido desde nuestras capacidades, cuánto valor agregamos a nuestra producción y cuántas oportunidades generamos para quienes deciden emprender en Aysén.
El desarrollo regional no se construye copiando modelos. Se construye reconociendo nuestras particularidades, enfrentando las brechas y creando soluciones pertinentes. La innovación tiene domicilio cuando nace de las necesidades del territorio y se convierte en oportunidades para quienes viven y trabajan en él.

























