Columnista, Colaborador En ignorancia, es mal visto el reconocer cuando se tiene, lo que en cuestión debe ser lo contrario, ya que si lo que se ignora se expresa en la duda, este suele derivar en un conocimiento, en cambio, lo aberrante del ignorar es que cuando le resulta indiferente llevarla, deriva en su expansión, utilización y solidificación.
Si se aplica un poco de curiosidad, una pregunta como: ¿qué es el Estado?, en su respuesta ya cambiaría la percepción de lo social para un individuo, mientras que otros dirán: "no importa, total uno debe seguir trabajando", esos otros no sopesan que es esa la respuesta que busca el político que afana esta premisa usando la ignorancia como un instrumento vital para su fin personal.
Este fenómeno de ignorancia sobre lo político, se debe a la falta de educación cívica y filosófica en la educación pública, y sobre esta ausencia pedagógica, es muy triste conversarlo con Senadores o Diputados, ya que al instar un regreso de estos como ramo principal con el fin de fomentar el conocimiento político social y la función del pensamiento en niños y jóvenes que motive un debate con argumentos sobre el quehacer cívico, siempre termino con la misma negativa y la misma pregunta: ¿Por qué les tienen tanto miedo a estos 2 ramos?.
Sobre la pregunta, propongo en respuesta la premisa del tener el poder de la información, quien la sostiene, guarda en si las razones para sostener una idea independiente de lo bien o mal que esté, en el saber existe lo tácito y autoritario que puede ser el empirismo, y ese saber puede hacer sentir al ignorante minoritario, que por inercia es una forma en donde es conveniente que el otro ignore lo que yo sé, ya que ello me da poder.
La ignorancia sobre lo que es El Estado es imperativo solucionarlo mediante la acción educativa, debido a que el ignorar sobre cómo funciona una sociedad, genera bastas desigualdades en las personas, que con el tiempo se acrecientan provocando, enfermedades en la sociedad tales como las clases sociales, banalidad de argumentos sobre la cultura general, problemas de salud mental y un voto absolutamente desvinculado del criterio cívico.
La Cívica y la filosofía nos enseña que el ciudadano es un ser político y de derecho que da uso a un semáforo en la calle, es el que va al hospital usando el transporte público, es quien elige a sus autoridades, y que es deber de todos el debatir sobre el valor de la educación, comprendiendo integralmente que las decisiones de todo ente del Estado siempre tienen consecuencias variables en las personas y por consecuencia en la sociedad.
No es tarde aun para establecer parámetros intelectuales que provean de conocimiento formal, ya que hoy es visible que la educación política la otorga un programa exento de contenidos como "Sin Filtro" o que la forma y fondo de una sociedad se expresa a través de un noticiero, aunque esto no debe extrañar, siendo observable el que hoy existan masivamente ciudadanos de categoría superior que son la pregunta y a su vez, la respuesta.
En favor de la situación actual, es menester dar la virtud del pensar a nuestras futuras generaciones mediante la educación, así sean sus decisiones más certeras que las que he hemos tomado hasta ahora.



















