Editorial, Redacción Muchos expertos sostienen que el nivel de desconexión entre las autoridades políticas y la ciudadanía ha llegado a un punto preocupante. Basta observar la forma en que hoy se comunican muchos parlamentarios con sus electores. Reels, videos breves y publicaciones en redes sociales se han transformado en herramientas habituales para que diputados y senadores mantengan presencia en sus distritos y circunscripciones.
Es una forma de comunicación propia de estos tiempos, marcada por la tecnología y la inmediatez. En territorios como Aysén, además, puede representar una ayuda para disminuir las distancias geográficas y permitir que una autoridad llegue virtualmente a comunidades alejadas. Pero también es necesario reconocer que ninguna herramienta digital puede reemplazar completamente el contacto directo con las personas.
Nada sustituye una reunión, una asamblea, un cabildo o una conversación franca con quienes viven diariamente los problemas de un territorio. Es en esos espacios donde las autoridades pueden escuchar sin filtros, conocer realidades que muchas veces no aparecen en los informes y comprender mejor las necesidades de sus representados.
Hoy existe una evidente sensación de frustración respecto de los parlamentarios y de la clase política en general. Algunos mantienen una relación estrecha con sus autoridades y participan activamente de sus convocatorias. Pero también hay ciudadanos que en algún momento entregaron su apoyo y que hoy se sienten distanciados, decepcionados o simplemente ignorados por quienes prometieron una relación más cercana.
La política atraviesa un momento complejo. La baja valoración de sus instituciones y de quienes ejercen cargos de representación no es una casualidad. Es el resultado de promesas incumplidas, disputas permanentes y una creciente sensación de que quienes toman decisiones viven demasiado lejos de los problemas cotidianos de la gente.
Por eso resulta necesario replantearse cómo será esta relación en el futuro. ¿Seguirá limitada a los períodos electorales y a la comunicación a través de una pantalla? ¿O existirá un interés real por recuperar una política más cercana, humana y presente en los territorios?
Las redes sociales pueden ser un complemento valioso, pero no debieran transformarse en un sustituto del trabajo territorial. Representar a una comunidad exige estar disponible para escuchar, recibir críticas y dialogar incluso con quienes piensan distinto.
La ciudadanía demanda mucho más que mensajes breves y fotografías. Demanda presencia, empatía y compromiso. Ojalá se encuentren puntos de equilibrio para que la relación entre electores y representantes vuelva a transformarse en una alianza real, capaz de trabajar por las necesidades y el desarrollo de la región de Aysén.



















