Editorial, Redacción La muerte de un niño en Villa Cerro Castillo duele por lo que significa para su familia. No hay palabras que alivien una pérdida así. Ese dolor ha removido a la comunidad y ha vuelto a poner sobre la mesa una preocupación que en Aysén conocemos bien: qué ocurre cuando alguien necesita atención médica y vive lejos de un hospital.
En Villa Cerro Castillo hay una posta de salud rural. Para muchas localidades de la región, ese es el primer y, a veces, el único punto de atención cercano. Por eso, cuando una emergencia termina de esta manera, las preguntas son inevitables. La comunidad ha planteado dudas sobre la primera atención que recibió el menor y sobre la respuesta posterior del Hospital Regional de Coyhaique. Son asuntos graves que deben investigarse con rigor, sin adelantar conclusiones.
La familia merece respeto, pero también respuestas. La comunidad tiene derecho a saber qué pasó, si se cumplieron los protocolos y qué se hará para evitar que algo similar vuelva a ocurrir. La investigación debe ser clara, oportuna y transparente, cuidando la privacidad de quienes atraviesan este duelo.
En Aysén, la distancia no es una idea abstracta. Son horas de camino, clima que cambia, traslados complejos y localidades donde no siempre están disponibles los equipos o la capacidad de respuesta que una urgencia requiere. Quienes viven allí no pueden quedar dependiendo de la suerte ni sentir que recibir atención a tiempo es un privilegio reservado para quienes están cerca de Coyhaique.
Nadie espera que cada posta resuelva por sí sola todas las emergencias. Lo que se necesita es una red que funcione: equipos preparados, protocolos claros, coordinación entre los niveles de atención, traslados oportunos y hospitales con capacidad para responder. También hay que escuchar a quienes trabajan en salud en territorios aislados, porque conocen las dificultades de cada día.
La investigación debe establecer las responsabilidades que correspondan. Pero también debe impulsar una revisión de cómo se atienden las emergencias en las localidades apartadas. No basta con lamentar lo sucedido. La prevención, la coordinación y los recursos adecuados son parte de la obligación de garantizar el derecho a la salud.
En Aysén, la salud no se mide solo dentro de los hospitales. También se mide por cuánto demora la ayuda en llegar a una localidad pequeña y por la confianza de sus habitantes en que no están solos cuando enfrentan una emergencia.
Ninguna editorial puede reparar la pérdida de una familia. Lo mínimo es que su dolor no quede sin respuestas y que de esta tragedia surjan medidas concretas. Vivir en Villa Cerro Castillo o en cualquier rincón apartado de Aysén no puede significar estar más lejos del derecho a recibir atención de salud digna y oportuna.





















