Rosa Pesutic Vukasovic, Secretaria de Finanzas Regional Aysén del Partido Comunista de Chile
El entramado Trump se ha ido estructurando a medida que pasan los días, o al menos, se ha ido anunciando con brevísimas pausas. Su movimiento MAGA para hacer grande a América (léase EEUU) contempla el retorno de las industrias al suelo yanqui, cobro de aranceles exorbitantes a los productos extranjeros que ingresan a su país, posición intransigente con los inmigrantes, combate a los narcos (siempre y cuando no le sean afines políticamente), anexamiento de Groenlandia como miembro número 51, invasión de países para apropiarse de sus riquezas y un etcétera que va mostrando al mundo el nivel de dominio del imperio.
Trump ha elevado la doctrina Monroe a una postura cada vez más hegemónica sobre América Latina, a tal punto que ahora abiertamente señala que la subordinación de los países latinoamericanos debe ser total o deberán atenerse a las consecuencias. De eso saben por experiencia propia muchos países latinos y qué decir de Cuba, que ha sido castigada con un bloqueo criminal por más de 60 años por hacer respetar su soberana decisión de país libre.
Descaradamente el imperio del norte ha reiterado que América Latina es su frente prioritario como fuente de recursos económicos, exigiendo además subordinación política y estratégica.
Para lograrlo no tiene inconvenientes en demostrar fuerza, mal que mal, son la primera potencia militar y armamentística del planeta. O, al menos, así parece.
Para probar que no solo son palabras están los ejemplos de la invasión a Venezuela, el secuestro de Maduro, los 40 bombardeos a lanchas que circulan por mares como el Pacífico Oriental y el Caribe, todos con resultados de muchas muertes.
El castigo para Chile ha sido el retiro de la visa norteamericana a tres altos funcionarios del gobierno por "socavar la seguridad regional", incluyendo a sus familias.
El Departamento de Estado de EEUU acusa a estos funcionarios chilenos de participar en acciones que habrían comprometido infraestructuras críticas de telecomunicaciones y afectado la seguridad nacional. Lo que estos funcionarios hicieron, incluido allí el Ministro de Transporte y Telecomunicaciones, fue entablar conversaciones con la empresa China Mobile para desarrollar un cable submarino de fibra óptica que permitiera conectar Hong Kong con Sudamérica y que surgió como respuesta al desarrollo del llamado cable Humboldt, que aunque nació como propuesta de China terminó por ser adjudicado por Geogle y llegaría hasta Australia. El tema sensible para el autoritarismo y neocolonialismo de Trump es la conexión con China, para ellos es un tema geopolítico en su competencia por el dominio mundial.
Pero Chile es un país libre y soberano y debe decidir con quienes negociar, respetando el principio de propiciar el desarrollo y beneficio de su pueblo. Sin embargo, desde la derecha ya se alzaron voces criticando las conversaciones con una empresa China, tienen miedo de las reacciones de EEUU y, en palabras del Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado Iván Moreira, "tenemos que ganarnos la confianza de EEUU y fortalecer las relaciones con ellos debe ser una de las prioridades del gobierno de Kast".
¿Y el respeto a nuestra soberanía? La política exterior de Chile se apega al Derecho Internacional y no pone en riesgo la seguridad de la región.
El presidente electo Kast debe pronunciarse por esta afrenta, ratificando una mirada de Estado, en resguardo de la soberanía de nuestro país. De otra manera sería reconocer que para los republicanos de Chile la soberanía vale nada.




















