Rosa Pesutic Vukasovic, Secretaria de Finanzas Regional Aysén del Partido Comunista de Chile
No es posible olvidar al hijo amado que no volvió a casa después de ser secuestrado por agentes del Estado. Imposible no recordar a la madre que fue torturada en lugares clandestinos hasta su muerte. Insoportable la angustia de hermanos, padres, familiares ante la negativa de los Tribunales de Justicia a acoger los Recursos de Amparo por los detenidos-desaparecidos. Inaguantable el dolor de los que se enteraron de que aquel a quien buscaban fue víctima de los vuelos de la muerte.
Difícil es vivir con el dolor de la ausencia y más aún imaginar los sufrimientos infringidos en sus cuerpos y su ánimo al ser torturados en la parrilla, el pau de arara, el submarino o con golpizas, quemaduras, abuso sexual o uso de animales en agresiones físicas.
El mensaje tras estos hechos era claro: obedecer al dictador o morir en sus mazmorras. El detenido/a era humillado, despojado de su dignidad y a muchos les arrebataron sus bienes materiales, los que pasaron a formar parte del botín de los esbirros de la dictadura.
El dolor de los detenidos-desaparecidos y de los sobrevivientes a los centros de tortura no puede ser reemplazado por nada. Las vidas sesgadas y dañadas no se recuperan.
Por eso el perdón a los culpables lo puede dar solamente aquel que fue víctima directa de tales atropellos, es absolutamente personal. Una sociedad no puede exigir que se perdone a los victimarios, tampoco se puede pedir "dar vuelta la página", olvidar.
Así como las heridas se curan cuando se limpian y se permite que salga tejido nuevo, así mismo es posible que una sociedad sane cuando se logra Memoria, Verdad, Justicia y Garantías de No Repetición.
Tanta barbarie cometida a nuestros hermanos no debe minimizarse, por el contrario, se debe visibilizar, recordar, enseñar en los establecimientos educacionales, para que nunca más se repitan tales hechos. El fortalecimiento de la democracia es un imperativo contra los golpes de Estado, contra los Tribunales de Justicia coaptados y de Fuerzas Armadas sometidas a los intereses del gran capital y en contra de su propio pueblo.
Debió instituirse el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas o Día del Detenido Desaparecido para que no se olvide a las personas privadas de libertad por agentes del Estado y para concientizar sobre esta práctica catalogada como crimen de lesa humanidad. La Asamblea General de las Naciones Unidas estableció el 30 de agosto como la fecha del recuerdo, de los actos y conmemoraciones por las víctimas de las dictaduras y de la represión estatal.
En Chile más de 3 mil fueron ejecutados políticos y detenidos desaparecidos durante la dictadura de Pinochet. Ninguno está olvidado, viven en la memoria de los que exigimos Justicia. Nada más, pero tampoco nada menos.
Por cada detenido, torturado, desaparecido, fusilado, decimos:
Compañera/o:
¡Presente!
¡Ahora y Siempre!



















