Editorial, Redacción El Gobierno ha anunciado una millonaria inversión para seguir avanzando en la pavimentación de la Carretera Austral. Son 800 mil millones de pesos destinados a este objetivo, una señal sin duda relevante para una región que históricamente ha tenido en la conectividad uno de sus principales desafíos.
Sin embargo, parece necesario profundizar también la mirada y la asignación presupuestaria destinada a mejorar los caminos secundarios, e incluso aquellos caminos básicos que permiten conectar sectores productivos que hoy, por no contar con una adecuada conectividad terrestre, simplemente quedan al margen del desarrollo regional.
Por eso resulta especialmente importante el concurso de caminos intraprediales que mantiene abierto Indap, en alianza con el Gobierno Regional. Se trata de un programa que ha demostrado ser una herramienta concreta para que pequeños y medianos productores campesinos puedan mejorar el acceso a sus predios y, con ello, sacar sus productos en mejores condiciones hacia los principales mercados de consumo.
Puede parecer una obra menor frente a una gran carretera o a un proyecto de cientos de miles de millones de pesos, pero para un productor hortícola o campesino, contar con un camino adecuado puede marcar una diferencia enorme. Significa poder sacar su producción, reducir costos, mejorar sus tiempos de traslado y tener mayores posibilidades de comercializar aquello que produce.
Una economía regional que pretende crecer y diversificarse necesita mirar también esos pequeños eslabones que hacen posible que la producción llegue finalmente a los consumidores. No basta con contar con grandes ejes estructurantes si existen sectores productivos que continúan aislados o enfrentan enormes dificultades para conectarse con los mercados.
La Carretera Austral seguirá siendo fundamental para Aysén y su avance debe mantenerse como una prioridad. Pero junto con ella debe existir una política permanente de mejoramiento de caminos secundarios, rurales e intraprediales, porque allí también se juega una parte importante del desarrollo productivo regional.
El desafío es que la inversión en conectividad no se concentre únicamente en las grandes obras que tienen mayor visibilidad pública. También es necesario mirar aquellas intervenciones que, aunque sean de menor magnitud, pueden cambiar radicalmente la realidad de una familia campesina o de un pequeño productor.
Si queremos que la economía regional funcione y se genere efectivamente un círculo virtuoso, debemos acercar la producción a los mercados. Y para ello, los caminos son tan importantes como los centros de producción.
Ojalá no se pierda de vista este enfoque y el programa de caminos intraprediales continúe contando con asignaciones presupuestarias robustas. Incluso sería deseable explorar nuevas alternativas de financiamiento que permitan ampliar su cobertura.
Porque mientras avanzamos en la construcción de la gran infraestructura regional, también debemos preocuparnos de esos caminos que permiten que quienes producen en los sectores rurales de Aysén puedan incorporarse plenamente al desarrollo. La conectividad también se construye desde abajo hacia arriba.




















