Columnista, Colaborador
El artículo plantea que el éxito de Noruega se explica por sus reglas claras, estabilidad regulatoria y una política de Estado que apoya a quienes invierten. Comparto la importancia de esas condiciones. Pero la comparación queda incompleta si no miramos qué reciben las comunidades y qué responsabilidades asumen las empresas.
En Aysén sabemos lo que significa la salmonicultura para muchas familias, trabajadores y pequeños proveedores. Reconocer ese aporte también nos permite preguntar cuánto de la riqueza generada en nuestros fiordos y canales se queda en la región y cómo mejora la vida de sus habitantes.
Noruega dispone de mecanismos para distribuir parte de los ingresos de la acuicultura entre los municipios y territorios productores. Esos recursos contribuyen a financiar servicios e inversiones locales. No dependen solamente de los apoyos voluntarios que una empresa decida entregar.
En salud y educación, esa diferencia importa. No significa que las salmoneras financien por sí solas hospitales o escuelas noruegas, sino que su actividad aporta recursos públicos al territorio. En Aysén necesitamos discutir cómo fortalecer esa relación: que la riqueza producida aquí contribuya de manera estable a mejorar servicios y ampliar las oportunidades de nuestros jóvenes.
En Chile también se pagan impuestos y patentes. Sin embargo, el aporte territorial de la patente acuícola depende principalmente de la superficie concesionada y no aumenta automáticamente con la producción o las ganancias. En Noruega, además, existe un impuesto específico para compartir con la sociedad parte de la renta obtenida del uso de recursos naturales comunes. Esa obligación también forma parte de sus reglas para invertir.
La seguridad laboral debe estar en esta conversación. Las muertes de buzos vinculados a la salmonicultura en Chile nos obligan a revisar cómo se protege a quienes trabajan bajo el agua. Si miramos a Noruega, comparemos también las exigencias de formación, prevención y respuesta ante emergencias. Cada empleo debe ofrecer la certeza de volver a casa.
Me parece necesario un Estado que dé orientación y certezas. Pero esas certezas deben alcanzar también a las comunidades. Tomar a Noruega como referencia exige discutir el conjunto: inversión, contribución territorial, protección ambiental y condiciones de trabajo. Esa comparación completa es la que puede ayudarnos a construir una mejor relación entre la salmonicultura y Aysén.






















