Columnista, Colaborador
La diversificación exportadora no es un eslogan en la Región de Aysén; es una estrategia concreta para transformar ventajas naturales en sofisticación productiva. Históricamente asociada a paisajes prístinos y materias primas, la Patagonia chilena se proyecta como una nueva frontera en destilados premium, donde el agua de deshielo de glaciares, los frutos nativos y la identidad territorial se convierten en atributos diferenciadores con alto valor en el mercado.
Este proceso no ha sido espontáneo. El Gobierno Regional de Aysén ha jugado un rol central al financiar las actividades de promoción internacional que han permitido a nuestros productores llegar a vitrinas de primer nivel mundial. Su apuesta no ha sido solo por la internacionalización, sino por algo más profundo: la agregación de valor a los recursos naturales de la región, entendiendo que exportar identidad es también desarrollo territorial sostenible. En ese espíritu, ProChile ha articulado promoción, financiamiento y acceso a mercados para que las micro y pequeñas empresas de este incipiente sector den el salto internacional sin perder su esencia.
La participación en ProWine Sao Paulo 2025 marcó un punto de inflexión. Con más de 20 mil asistentes y 1.500 marcas de 36 países, Gin Tepaluma, Vodka Kawesqar, Bitter Onok y Viña Jeinimeni instalaron el concepto de destilados y vinos patagónicos de alta gama. La cobertura que les dio la prestigiosa revista Forbes, confirmó que el mercado brasileño percibe valor en la autenticidad, la trazabilidad y el relato de origen patagónico.
El mismo impulso se replicó en Asia. En la Expo Osaka 2025, bajo el pabellón chileno "Makün: El Manto de Chile", más de dos millones de visitantes conocieron propuestas como Bitter Onok, elaborado con calafate, maqui y zarzaparrilla recolectados a mano. Cuando un vodka se presenta como el más austral del mundo o un gin destaca su color rubí gracias al maqui, no es sólo marketing: es una propuesta con base territorial real. A ello se suma la innovación en productos derivados, como los siropes y cócteles de nalca desarrollados en Coyhaique, que integran ingredientes locales a la coctelería de autor.
Detrás de cada una de estas iniciativas hay emprendedoras y emprendedores que han demostrado un compromiso excepcional. Personas que decidieron permanecer en el territorio, agregar valor a lo que la naturaleza les ofrece y competir en mercados locales y globales con propuestas propias. Esa convicción es, probablemente, el activo más importante de esta historia.
Mirando hacia adelante, las potencialidades de una región tan compleja como Aysén son enormes. La riqueza botánica aún inexplorada, la biodiversidad de sus bosques y la creciente demanda mundial por productos auténticos configuran oportunidades que recién comenzamos a dimensionar: destilados de botánicos endémicos, denominaciones de origen patagónicas o rutas de turismo gastronómico vinculadas a la producción local.
El desafío es escalar sin diluir identidad. ProChile y el Gobierno Regional han demostrado que, con inteligencia comercial y alianzas público-privadas, es posible posicionar a Aysén como origen de alcoholes premium con denominación Patagonia. En un mercado global que premia la autenticidad, la pureza de nuestras aguas y nuestra riqueza botánica no son sólo atributos naturales, pasan a ser activos estratégicos. Y Aysén tiene todo para capitalizar esta ventana de oportunidad.






















