Patricio Segura Ortiz, Periodista. psegura@gmail.com
El reciente alevoso asesinato del carabinero Javier Figueroa Manquemilla, por parte de delincuentes en Puerto Varas, fue una nueva oportunidad para el Presidente José Antonio Kast para continuar con lo que se ha denominado la batalla cultural.
En sus palabras, aludiendo al crimen, el Primer Mandatario destacó el trabajo de las policías, en tanto hombres y mujeres que, cumpliendo funciones públicas, se exponen físicamente (e incluso dando la vida) en pos del bienestar de la sociedad. Y eso se debe destacar. De ello no hay duda alguna. Por tal razón los tres días de duelo nacional decretados por el gobierno en honor del sargento 2° Javier Figueroa.
Lo positivo de esta acción es que se releva un cometido de Estado. Una específica, que es la de resguardar la seguridad de la población. Ámbito en el cual el sector del Presidente en Chile siempre se ha sentido más cómodo: orden público, autoridad, uso de la fuerza para enfrentar las prácticas antisociales.
Lo paradójico es que este tipo de defensa de un ámbito público en particular, aunque positivo, no se ve extendido con la misma fuerza a otras funciones constantemente maltratadas, a través de palabras, acciones y omisiones, por parte de quienes hoy son gobierno.
Emblemático fue cuando su vocero de campaña, Cristian Valenzuela, trató a la generalidad de los trabajadores públicos de "parásitos" y de "grasa del Estado". Parte de un libreto instalado desde hace tiempo ya, y del cual los grandes gremios empresariales son parte, donde tales labores han sido atacadas desde los más diversos frentes, incluido ese neologismo llamado "permisología", que socava la atribución cautelar estatal.
En ese abanico de ocupaciones relevantes, durante la pandemia supimos de todos y todas quienes se desempeñan en el ámbito de la salud. No sólo por su rol crítico para mantener la vida de las personas, sino por el esfuerzo sobrehumano que hicieron en tiempos difíciles, pero que ciertos sectores veían como enemigos, como verdaderos celadores de su infinita libertad.
Fue durante los últimos dos gobiernos, de Sebastián Piñera y Gabriel Boric, que la función de cuidadores y cuidadoras entró en escena con fuerza. Un rol invisibilizado y muchas veces menospreciado, pero esencial para hacernos cargo como sociedad de todos quienes por diversas circunstancias no pueden ser parte del Chile ganador, competitivo y exitista al cual algunos aspiran.
En enero de 2022, el Presidente Piñera creó el Subsistema Nacional de Apoyo y Cuidados, señalando que "le hace bien al alma de Chile y nos permite ser una mejor comunidad". Y a principios de este año el Presidente Boric aprobó la Ley de Cuidados, tras su paso por el Congreso.
Otro quehacer que se me viene a la mente es el de los profesores. Aunque han ido perdiendo influencia producto del sistema mediático paralelo (redes sociales y otros espacios), siguen siendo esenciales en la formación de los futuros ciudadanos, ya que su rol no está dirigido sólo al trabajo y la productividad. Es formar hombres y mujeres que puedan desarrollar sus potencialidades en los más diversos ámbitos, y que en esa tarea aporten al colectivo (y agregaría a las otras vidas que nos acompañan en este viaje).
Son todas éstas, junto a muchas otras, funciones públicas necesarias para construir una mejor sociedad. No existen roles de primera y segunda clase, como se da a entender cuando se privilegia a algunas mientras se desprecia a otras.






















