Francisco Mardones Pino, Periodista
De visita en nuestra región con motivo del 2º Encuentro Textil Aysén que se realizó en Puyuhuapi, la gestora cultural y artesana Rosana Cartolano, responsable de la Escuela Municipal de Artesanías de Trelew, conversó con El Divisadero y destacó el potencial de la Patagonia chilena en el desafío de rescatar los oficios locales y la identidad como un activo de desarrollo económico.
De origen patagónico, Rosana nació en Esquel y se crió entre Trelew y Rawson, en pleno campo argentino donde aprendió de sus abuelas y sus padres diversos oficios asociados a la cultura campesina, como el tejido, la hilandería, la confección de ropa, lo que la llevó por el camino de la docencia vinculada al mundo del arte.
¿Cómo ha sido para ti el viaje de ir rescatando estos oficios que se enfrentan al desafío de traspasarlos de generación en generación?
Justamente por eso creamos la Escuela Municipal de Artesanías, preocupados por la continuidad de los oficios. Este viaje para mí es muy potente porque tengo muchos amigos en esta región, he venido muchas veces justamente a tomar contacto y a trabajar con artesanas y artesanos, pero además vuelvo a la tierra de mis abuelos. Mis abuelos son de Chiloé, son de Temuco, mis bisabuelos. Entonces llegar a estas tierras para mí es como volver a mis orígenes, volver a la esencia. Y este encuentro en particular ha sido muy potente, muy emotivo, porque se ha puesto en valor el trabajo manual de las artesanas de Puyuhuapi, toda la historia de esos pioneros que supieron trabajar codo a codo tanto la gente chilota con la gente alemana y sostener ese pueblo, pero también atravesados por el hacer con las manos, el hacer las casas, el hacer los muebles y el tejer esas alfombras y esos abrigos, me parece fundamental.
De eso también se trató el Encuentro Textil Aysén…
La reflexión tiene que ver con el futuro de la artesanía, y eso fue los paneles con los que estuvimos discutiendo y hablábamos de la necesidad de la educación, de seguir no solo educando a los niños y que tomen contacto desde temprana edad con el hacer con las manos, sino también educar al público para que pueda entender el valor de una pieza hecha a mano contra una pieza hecha en serie por la industria y entender por qué su costo. Pero también la profesionalización de las artesanas y los artesanos nos parece importante para que ellos puedan afirmar su identidad, entender la potencia de sus orígenes y vivir dignamente de un oficio. Entonces, sobre esos ejes hemos estado conversando estos días.
¿Con qué realidad te encontraste acá en Aysén en cuanto a estas necesidades que tú dices de educar y profesionalizar el oficio?
Lo más potente que encuentro es la capacidad de las artesanas y los artesanos de agruparse en organizaciones teniendo en cuenta las distancias en las que viven, el aislamiento de muchas de ellas. Lo potente de las agrupaciones es poder no sentirse solas y empezar a recorrer trayectos juntas. Y eso me parece súper interesante. Y creo que ese es un germen súper importante para que los artesanos sigan este camino de la profesionalización, de poder acceder a otros mercados de comercialización. Obviamente encuentro también un conocimiento del oficio muy profundo en algunas de ellas, otros muy incipiente, pero también con muchas habilidades para poder continuar el camino de formación.
El desafío está en cómo acompañar los procesos de estas agrupaciones para que entiendan el valor del oficio que tienen en las manos y la potencia de sus creaciones, que puedan construir una identidad muy potente para presentar su producción también, no solo en ferias regionales o locales, sino también proyectarse a ferias nacionales. Y dar a conocer la región a través de lo que hacen con las manos.
Teniendo ganada la asociatividad, ¿cómo se trae la experiencia de una escuela como la que diriges en Trelew para ir profesionalizando el oficio acá en Aysén?
Yo creo que hay que empezar a habilitar las preguntas. Creo que hay que creer en las capacidades de aquellos artesanos que han transitado caminos más largos y que han llegado a armar una colección propia con mucha identidad. Creo en el aprendizaje colectivo, creo en la posibilidad de que entre las mismas compañeras pueden empezar a transmitirse los saberes y empezar a hacerse preguntas. Cuando uno empieza a sentir que ignora algunas cosas es cuando se permite el aprendizaje y a veces no es un técnico que viene de la ciudad o un profesional que ha transitado otros caminos desde la teoría, quizás no siempre es el más indicado. A veces hay que saber qué es lo que necesitamos entender, qué preguntas nos estamos haciendo en el camino para poder empezar a transitar un camino de aprendizaje.
También creo que es muy necesario que las instituciones que trabajan en el mundo de la artesanía o cercanas a las mujeres rurales puedan empezar a tener como agendas comunes y poder resolver estas preguntas que las artesanas y los artesanos se hacen trabajando de manera conjunta y sumando aportes. Creo que es sumamente necesario que las instituciones no compitan por quiénes son sus usuarios, sino también que sumen, que sumen esfuerzos para un bien común del sector.
¿Cómo poder logramos que esto sea un camino completo, una mentalidad a largo plazo y que llegue a ser una forma de vida?
Una de las cosas que nosotros pensábamos en los talleres que hicimos tenían que ver con preguntarnos para qué enseñamos un oficio. No me sirve de nada decirles que hay que planificar, que hay que hacer un recorte de conocimientos, que hay que evaluar, que no puedo en dos horas transmitir dinámicas de trabajo, pero sí podemos pensar por qué y para qué. Y una de las cosas que pensábamos era que los oficios son una herramienta para transformar nuestro mundo y transformar nuestra realidad; que en estas épocas de tanta inteligencia artificial, tanta industrialización y tanta globalización, tenemos una herramienta política para cuidar nuestro territorio, para tener conciencia del cuidado de nuestras materias primas, para tener conciencia de la potencia del encontrarme con otro.
Y eso, el pensar en el buen vivir como objetivo a largo plazo, como que la artesanía me dé la posibilidad de estar en armonía con mi territorio, en armonía con mis vecinos y con mis vecinas. En paz conmigo misma. Cuando uno se proyecta ese pequeño objetivo, no solamente el recurso económico… Hay que pensar establecer los objetivos en función del bienestar de la comunidad, el bienestar de la persona.
Es un camino largo…
No es una solución inmediata, hay que pensar a mediano y largo plazo. Una persona domina un oficio cuando ha trabajado más de 10,000 horas con esa materia prima y con esas herramientas y en su taller. Y esos son años. Uno considera un maestro artesano cuando realmente puede transformar la materia prima y crear una pieza nueva, no solamente es copiar. Ay, esto se está vendiendo y entonces quiero copiar esto y voy a reproducir esto 100 veces. ¿Y qué podemos crear nosotros nuevo? Entonces atreverse a innovar, porque la cultura es dinámica, porque estamos todo el tiempo, si bien podemos pertenecer a un pueblo que tenga tradiciones, nunca son estáticas esas tradiciones, siempre se están en conversación con lo que nos va sucediendo en la vida.
Ya que estamos hablando de calidad de un trabajo artesano, ¿qué potencial ves en la materia prima y creaciones que se hacen en nuestra región?
Veo mucha potencia, vi productos bellísimos y únicos. Tienen una potencia muy grande. Hay que seguir trabajando en la comunicación y en la puesta en valor de cada una de esas personas, hacer conocer las historias, transmitir la historia atrás de ese producto, contar los procesos, contar toda la cadena productiva. Me parece súper interesante que la gente conozca de dónde son nuestras materias primas y cuántos pasos hacemos para poder elaborarla. Creo que ese es el desafío que tiene la región hoy, y muchos ya lo han logrado. Conozco muchos maestros artesanos de esta región que están exponiendo a nivel nacional e internacional y que creo que son el faro para avanzar. No importa si estamos en Puyuhuapi o en Coyhaique. Creo que las herramientas están, las instituciones están y ustedes todavía tienen en Chile el aporte de los recursos económicos destinados a la cultura, que eso es absolutamente importante. Entonces tienen que defenderlos, tienen que cuidarlos y tienen que apoyarse en aquellos maestros artesanos que han entendido el camino y que lo están transitando. Aprender de ellos y generar intercambios todo el tiempo los va a ir enriqueciendo y los va a ir enriqueciendo como región.
En ese traspaso de conocimientos que tú planteas, ¿cómo han logrado ustedes que ese artesano que lleva años trabajando logre desarrollar también habilidades docentes para entregar esta información?
Las fuimos construyendo juntos. Cuando nosotros fundamos la escuela de artesanías, eran maestros artesanos, no eran docentes. Pero como nos armamos un equipo interdisciplinario con diseñadores, con docentes, fuimos compartiendo herramientas y fuimos construyendo colectivamente las herramientas que nos servían para transmitir. Y fuimos construyendo una dinámica y una pedagogía de los oficios. Justamente de lo que yo vine a hablar no es más que una construcción colectiva de los artesanos y las artesanas de mi región. Y eso ha hecho que nosotros mismos también nos profesionalicemos en ese encuentro con las personas que vienen ávidas con el deseo de aprender. En ese deseo también vienen sus historias personales, herencias familiares y otras maneras de hacer. Es posible una construcción colectiva de maneras de enseñar.
Es un lindo desafío…
Aprendemos mucho de los pueblos que han transmitido de generación en generación, pero hoy nos encontramos justamente con abuelitos que se nos van sin haber transmitido el oficio. La historia de nuestros pueblos originarios en ese sentido ha sido trágica. Nuestras abuelas, y en mi caso mis abuelas, decidieron dejar de enseñar la lengua y dejar de enseñar el oficio para que nosotros no pasemos por el sufrimiento que ellas han pasado. Pero por suerte muchas de ellas en la intimidad del hogar sí lo siguieron haciendo. Entonces esas son nuestras banderas y nuestros ejemplos. Si ellas pudieron seguir transmitiendo y sostuvieron culturalmente un legado, ¿cómo no lo vamos a hacer un equipo de gente con otras herramientas didácticas, con herramientas que hoy la tecnología nos aporta? Y en tanto avance de la inteligencia artificial, nosotros decimos que hay cosas que la inteligencia artificial no va a poder hacer nunca. Y ahí es donde hay que defender la inteligencia artesanal.






















