Editorial, Redacción Los problemas del sector salud en Aysén no se reducen a las largas listas de espera o a las demoras que enfrentan quienes necesitan una atención. Existe otra dificultad, menos visible, pero igualmente relevante: la falta de infraestructura y espacios físicos adecuados para implementar los distintos dispositivos que el sistema público necesita.
La reciente polémica por el traslado de usuarios del ex Hotel Los Ñires, debido a la ampliación de la unidad oncológica, volvió a poner esta realidad sobre la mesa. Es comprensible que una comunidad que utiliza determinados espacios durante años manifieste preocupación cuando debe trasladarse, pero también es evidente que la ampliación de prestaciones oncológicas responde a una necesidad sanitaria que requiere espacio.
El problema aparece cuando el sistema debe resolver estas necesidades ocupando inmuebles que no fueron diseñados para entregar prestaciones de salud, arrendando casas u otros recintos que terminan siendo soluciones transitorias para demandas que, en muchos casos, ya son permanentes.
Y esta no es una situación que pueda resolverse rápidamente. Requiere planificación, recursos y, sobre todo, una mirada completa de las necesidades de infraestructura sanitaria que tendrá Aysén durante los próximos años.
Por eso resulta necesario levantar un diagnóstico serio y actualizado. No solamente saber qué espacios faltan hoy, sino proyectar cuántos serán necesarios mañana, dónde deben estar ubicados y qué condiciones deben cumplir. La población crece, las necesidades de atención cambian y el sistema público incorpora nuevas prestaciones. La infraestructura debe ser capaz de acompañar ese proceso.
Cuando hablamos de infraestructura sanitaria, además, no hablamos únicamente de un nuevo hospital. También están los centros de atención, unidades especializadas, oficinas, espacios para rehabilitación y otros recintos que permiten que la red funcione adecuadamente. Cada uno cumple una función y, cuando no existe un lugar apropiado, finalmente son los usuarios quienes terminan enfrentando las consecuencias.
La comunidad espera que el sistema de salud funcione y que las atenciones puedan entregarse de manera oportuna y digna. Para conseguirlo, no basta con reaccionar cada vez que aparece una necesidad urgente. Se requiere anticiparse.
Este es un desafío técnico, pero también político. Se necesitan decisiones, coordinación entre instituciones y recursos para avanzar hacia una red de infraestructura acorde con las características de Aysén y con las necesidades de su población.
Porque mejorar la salud pública también significa preguntarnos dónde y en qué condiciones estamos atendiendo a las personas. Y esa conversación ya no puede seguir esperando.























