Editorial, Redacción Hablar de salud mental en Aysén ya no es hablar de un problema que pueda esperar. La demanda ha crecido y la red se ha ampliado. En 2025 comenzó a funcionar el nuevo COSAM de Puerto Aysén, acercando la atención especializada al norte de la región.
Pero mientras se abren nuevos espacios, en Coyhaique aparece una contradicción difícil de ignorar. El COSAM pasó de tener 40 funcionarios en 2016 a 93 actualmente, pero sigue contando con solo 18 boxes de atención. La senadora Ximena Órdenes llevó esta situación a la Comisión de Salud del Senado y pidió conocer qué solución tiene prevista el Ministerio de Salud.
Hay algo especialmente delicado en este caso: en salud mental, el espacio no es un detalle. Una consulta necesita privacidad. Una persona tiene que poder hablar de lo que le pasa sin preguntarse si alguien en el box de al lado está escuchando. Y los equipos necesitan condiciones mínimas para hacer su trabajo.
Lo más llamativo es que, pese a estas dificultades, el equipo ha conseguido reducir las listas de espera. Hay profesionales haciendo un esfuerzo para responder a una demanda que crece, pero trabajando en un lugar que ya no parece dar para más.
Entonces la pregunta vuelve a ser simple: ¿cómo estamos planificando la infraestructura de salud en Aysén?
Porque el problema no parece estar solamente en el COSAM. En distintos establecimientos de la red han aparecido dificultades relacionadas con espacios, ampliaciones, equipamiento o condiciones para entregar determinadas prestaciones. Y cuando esto ocurre una y otra vez, cuesta seguir viéndolo como situaciones aisladas.
Aysén necesita una conversación más amplia sobre su infraestructura sanitaria. No solamente para construir edificios, sino para anticipar qué red vamos a necesitar en cinco o diez años. La población cambia, las prestaciones crecen y cambian las formas de atender.
Tal vez una mesa regional que reúna al Servicio de Salud, Gobierno Regional, municipios, trabajadores y usuarios podría ayudar a ordenar esa discusión. No para hacer otra instancia que termine en un informe, sino para definir prioridades, plazos y responsabilidades.
La salud mental merece una mirada especial, porque muchas veces las personas llegan a pedir ayuda después de haber esperado demasiado. Si cuando finalmente encuentran atención se encuentran con espacios insuficientes, poca privacidad o equipos sobreexigidos, algo estamos haciendo mal.
En Aysén hemos tenido avances importantes en salud y sería injusto desconocerlos. Pero precisamente por eso también podemos exigir que la infraestructura acompañe esos avances.
Una atención de salud mental necesita tiempo y un lugar donde una persona pueda sentirse segura para contar lo que le pasa.




















