Orlando Baesler Heger, Arquitecto
La mayoría de las encuestas, desde hace bastante tiempo, vienen advirtiendo claramente del desencanto de la ciudadanía por la actividad política y en general por lo que se ha venido definiendo como la "clase política".
Lo anterior se debe al permanente y reiterado incumplimiento de las promesas que se dan en campaña por parte de quienes aspiran desesperadamente a ocupar un cargo público, atraídos generalmente por el alto nivel de ingresos que ofrece dicha actividad en nuestro país .Es así como las ofertas para empleos a muchos electores, la facilidad para asegurar la construcción de un puente, de una plaza o de un hospital se señalan como un hecho seguro en el caso de contar con la aprobación de los electores. Lo curioso es que estas promesas se efectúan sin ningún conocimiento de las posibilidades financieras del país o de las factibilidades sociales y técnicas de los proyectos que se prometen construir con tanta liviandad y desvergüenza.
Es un hecho comprobado que, si el locuaz candidato no resulta electo, se olvidó para siempre de sus promesas y también de los electores con los cuales compartió en forma tan amable, servil y cordial durante tanto tiempo.
Señalo lo anterior a fin de rescatar el verdadero valor e importancia cívica del cumplimiento, por parte del actual Presidente de la República, en su ofrecimiento de campaña de rebajarse el sueldo en caso de resultar electo y no acudir a resquicios constitucionales que esgrimieron muchos en el pasado para mantener sus altas remuneraciones.
El gran temor que angustia hoy a una muy desorientada oposición política es el del cumplimiento de las promesas de campaña por parte del gobierno, ya que significaría para ellos una meta muy difícil de alcanzar ante una administración que está actuando en consecuencia y aplica una política que se podría definir como; "se dijo y se hizo".















