Columnista, Colaborador
Han pasado 53 años del golpe civil militar que terminó con la vida del presidente mártir Salvado Allende Gossens y que instaló inmediatamente en Chile la dictadura más cruel y sangrienta en la historia de Chile, miles de fallecidos, miles de desaparecidos, miles de torturados, exiliados y relegados.
Se quebró la democracia y se instaló un régimen militar autoritario apoyado por la ultraderecha, la misma que gobierna hoy este país y por el imperialismo yanqui, el mismo que no trepida en invadir, a título de nada, a países en todo el orbe con la sola intención de robar y hacerse de sus riquezas.
Por esa historia real y que vivimos en carne propia, nos hemos levantado y luchamos, sin descanso con toda la familia, en clandestinidad, para recuperar la democracia. Saludo aquí a mis queridos y recordados Compañeros Miguelina y Clorindo, mis suegros, que cuando todos dormían, ellos luchaban por mantener viva la llama de la libertad, de la democracia y del Partido Socialista de Chile.
Creíamos entonces que terminar con la dictadura de Pinochet era esencial para poder reestablecer en Chile la democracia que fuera cercenada un 11 de septiembre de 1973.
Lo logramos y después de 17 años de dictadura, en 1990 con el Presidente Patricio Aylwin a la cabeza y el Congreso Nacional en funcionamiento, el país volvió a la democracia.
Desde entonces y hasta ahora, la familia creció, nacieron nuestros hijos, sobrinos y nietos, todos con actividades diversas, profesionales de oficios del más diverso espectro, todas y todos, con anhelos y creencias diversas, pero todas y todos tremendamente generosos, honestos de una calidez humana que no solo se palpa en familia sino con todos aquellos que por alguna circunstancias, se han allegado a nosotros, seguro es la semilla que Miguelina y Clorindo sembraron en esta tierra austral.
Siempre en septiembre conmemoramos la tragedia que significó la dictadura de Pinochet, la derecha y ultra derecha, sentíamos y reclamamos la injusticia, el atropello a los DDHH, sentíamos el dolor de la madres que claman por encontrar a sus hijos desaparecidos, por las muertes, por el maltrato del Estado subordinado a una dictadura.
septiembre es aún más doloroso, como si no bastara lo anterior, hoy toda la familia acusa al Estado, a las instituciones que lo representan, Ministerio Público, Defensoría Penal, las Policías, Gendarmería de Chile, de abandono a de sus obligaciones, de ineficaces e ineficientes.
Siento el desgarrador grito de Cristina que me cala hasta los huesos, la rabia incontenida de Javier, que también es la mía, la que debo contener solo para razonar y hacer posible un pequeño espacio de reflexión, en el silencio, con el soplido del viento, y escuchar la calmada voz de Miguelina y el Cloro, diciéndonos que hay que seguir luchando por conseguir que el Estado cumpla, se haga cargo de su responsabilidad y se haga justicia por Tomás, y por todos aquellos que sienten y palpan el abandono del Estado.























